Sin intermediarios

Los Castillos armaron un circuito integrado dentro de la cadena cárnica. Son ganaderos, carniceros matarifes y efectúan el abasto en el Valle de Uco.

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En el Departamento de San Carlos ubicado en el centro oeste de la Provincia de Mendoza, a 106 kilómetros de la Ciudad Capital, Francisco Castillo posee un emprendimiento familiar donde combina la producción ganadera a través de feedlot con el abastecimiento de carne y chacinados de elaboración propia en la región.

Dos de los tres hijos se dedican a las diferentes tareas planteadas, uno como administrador de los campos y el otro el matadero y el abastecimiento de mercadería. Francisco con más experiencia dinamiza la compra de hacienda, el feedlot, las pasturas, o sea  todas las actividades hasta que el animal llega al matadero.

Para Castillo “ir reconvirtiéndose es la única forma de poder subsistir. El ganadero que medianamente anda en la zona es mixto. Tiene viña, hace ajo y ganadería. Se defiende. No vive únicamente de la ganadería”.

“Nosotros en vez de ir a comprar el animal gordo a La Pampa lo producimos acá y tenemos un gasto menos”, aclara el productor.

La empresa se mantiene en el mercado por su creatividad y visión empresaria. Además de dedicarse al engorde a corral son carniceros matarifes, la hacienda propia la faenan en un matadero en la zona de Campo los Andes. “Logramos hacer el ciclo completo, no hay ninguna intermediación. Empezamos a andar mejor cuando dejamos de trabajar con el banco, con la feria, con el comisionista. Son pequeños ahorros que van haciéndose para poder funcionar”, detalla Castillo.

Los Comienzos

El ganadero, miembro de la sociedad rural de Valle de Uco,  rememora los comienzos cuando acompañaba a su padre “a comprar a los puesteros de la provincia de La Pampa hacienda, chivos y corderos para luego vender la carne en Mendoza”.

“Hace 30 años  que estamos  con el abasto en la zona” aclara el productor y detalla que “actualmente nos dedicamos a la hacienda con una recría y un feedlot propio, porque chivos no hay prácticamente y  cordero se trabaja muy poco”.

Al principio realizaban la recría en La Pampa pero poco a poco instalaron todos los eslabones productivos en el Valle. Poseen dos propiedades con 26 hectáreas  y 2 pozos de 6 pulgadas cada uno para 450 animales en un campo y 250 en una finca al lado.

Abastecían de carne para industria en la capital de Mendoza pero luego prefirieron dedicarse a la producción que acompañaban con la manufactura de subproductos como los distintos chacinados. Son muy conocidos y buscados los embutidos como salames, jamones, bondiolas bajo la marca Don Paco en homenaje a los sacrificios vividos por el padre de Francisco.

Sus padres, él español, ella italiana, llegaron muy pobres a la Argentina y para mantener a la familia tuvieron que hacer diferentes trabajos en la construcción y en el campo.

Sin embargo, con el tiempo Francisco cuenta que “a nosotros nos gusto más la hacienda que la chacra. Como hacemos recría compramos el ternero y si hay hereford es lo que preferimos. Últimamente lo que se pueda”.

El manejo productivo planteado por los Castillo es recría a corral con mucha fibra. “Tenemos algunos clientes en El Cepillo que nos venden novillos grandes 350k flacos que se van a 600 y el resto terneros para faenar arriba de los 400 kilos”.

La alimentación esta planteada a partir de producir  cuadros de alfalfa, avena y maíz. Efectúan el silado de maíz con algo de pasto  y acompañan la dieta con desechos de las producciones frutihortícolas de la zona.

Hacer granos facilita el engorde y achica los costos debido a que “comprar el maíz de La Pampa o de  Córdoba es lo más caro”, acotan desde Don Paco.

Con un clima semiárido, de temperaturas extremas tanto en invierno como en verano, y con días templados y noches frías durante primavera y otoño, con escasas precipitaciones el maíz no se puede sembrar muy temprano porque las últimas heladas están hasta los primeros días de noviembre. “Se hace del 10 de noviembre para adelante de ciclo largo y a mediano de diciembre con ciclo corto”, expone el productor.

A los animales les dan también malta de la cervecería Los Andes considerada “muy buena para la vaca lechera y para hacer recría, porque le hace producir más carne y menos grasa”.

En verano compran a la firma Baggio rezago de tomate y en alguna oportunidad hicieron recría con chala de ajo “pero hay que tener cuidado porque el galponero de ajo deja la chala con nailon y le afecta al animal”. En San Carlos hay galpones grandes que preparan mucha verdura y los desperdicios van a recría como el orujo de manzana o de uva. “La vaca come de todo”, dice el ganadero.

Para Francisco es importante buscar la calidad, trabajar mucho la  sanidad y aprovechar los subproductos. Y agrega: “Con el valor del cereal queda cada vez menos hacienda en provincias como La Pampa. Acá hay mucho terreno y eso nos ayuda”.

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