Cosmética apícola

Nuevas posibilidades para los apicultores a partir de la transformación, con agregado de valor, de la miel en subproductos como cremas, jabones y geles.

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El sector apícola centra su atención principalmente en la comercialización de la miel y productos de la colmena. No obstante, derivadas de estas actividades pueden desarrollarse otras iniciativas, adecuando las cualidades terapéuticas de la miel y sus derivados a otros usos distintos del alimenticio. De allí nace la posible utilización de la miel, cera, propóleos, jalea y su aplicación en productos cosméticos.

La idea de aumentar la rentabilidad de la producción apícola, lleva a la posibilidad de transformar la miel y otros derivados de la colmena en subproductos cosméticos dando nuevas opciones con mayor valor agregado a la materia prima.

Por otra parte, la Dra Liesel Brenda Gende del Laboratorio de Artrópodos, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Mar del Plata explica que “la tendencia actual en el campo de los cosméticos es la investigación, desarrollo y comercialización de productos naturales. Ante esta demanda, es inminente la búsqueda de principios activos de origen natural que reemplacen aquellos materiales sintéticos. Por ende la investigación de materias primas, como los productos apícolas, con aplicación cosmética debería enfocarse en la caracterización de estos y proponerlos como alternativas a las materias sintéticas, promoviendo su inclusión en formulaciones que ofrezcan opciones novedosas para el desarrollo de cosméticos naturales y que satisfagan las demandas del mercado”.

Por ello, para Gende “es de importancia que el apicultor tome conocimiento de las diferentes formulaciones que existen en la industria cosmética y como los productos derivados de sus colmenas pueden ser aplicados en este mercado. Por tal motivo, se centra en la explicación de las principales propiedades de los productos apícolas y su posible aplicación cosmetológica. Como así también en los límites y precauciones a la hora de usar cera, miel, propóleos, jalea en cremas, geles y jabones”.

La especialista detalla que “la cera de abejas ha sido usada desde hace miles de años como base de cremas y ungüentos. La misma puede utilizarse entre un 25-30 % en una formulación, siendo permitido se uso hasta un valor máximo de 56%. Se acción principal es la de actuar como vehículo de otros principios activos, además de poseer  propiedades antibacterianas y mejorar la elasticidad de la piel”.

Respecto a la miel “puede utilizarse como principio activo en una formulación hasta un valor del 10%”. Por su contenido en hidratos de carbono, minerales, oligoelementos y vitaminas confiere al producto cosmético cualidades astringentes y suavizantes. Además de poseer propiedades antimicrobianas y antisépticas.

La jalea real por su parte, es rica en vitaminas y minerales siendo permitido su uso hasta un 3% del total del producto cosmético. Como cualidades cosmetológicas: Retarda el proceso de envejecimiento de la piel, combate la sequedad, mejora su hidratación y elasticidad.

Las tinturas de propóleos tienen  efecto protector frente a los rayos solares. Presentan una barrera química de defensa contra microorganismos (hongos, bacterias y virus). Poseen capacidad cicatrizante y antiinflamatoria. “Siendo posible se uso en cosmética hasta un 12 % de la formulación”, aclara.

Cada uno de los productos derivados de la colmena, en las concentraciones adecuadas, pueden usarse en diferentes bases cosméticas como cremas, geles, lociones, jabones, etc de acuerdo con la consistencia y sitio de acción que la preparación pretende dar.

Las cremas por su parte son más lipofílicas y tienden a actuar sobre la membrana lipídica de la piel por lo que pueden operar como vehículo de otros principios activos (factor de consistencia) o brindar al mismo tiempo propiedades sobre la piel (factor de emoliencia). Los geles, en cambio, son hidrofílicos por lo que suelen usarse como vehículos transmisores de otros principios activos.

Basándose en la elaboración de cosmética natural apícola se pueden combinar los productos derivados de las colmenas con otros como aceites esenciales o extractos etanólicos de plantas para darle mayores y diferentes propiedades a la formulación final.

Para la investigadora “emprender la realización de productos cosméticos a gran escala no es sencillo y tampoco se recomienda la elaboración artesanal de los mismos”. Y agrega: “La idea es que un profesional idóneo en el tema obtenga la materia prima como cremas bases, geles, jabones etc y que los apicultores puedan agregar sus productos en los límites y condiciones adecuadas. Por lo tanto, no es necesario disponer de gran capital de inversión, ni ser un gran productor, ni tener un número mínimo de colmenas para poder usar su miel, jalea, cera o propóleos”.

Una de las fortalezas del sector apícola es la adopción permanente de conocimiento e incorporación de nuevos conceptos. La implementación de nuevas herramientas de uso de los productos de la colmena, en este caso en el área cosmética,  genera mayor eficiencia en todo el proceso productivo, lo que implica un mejor aprovechamiento de los recursos.

La idea es lograr que el sector pueda proveer productos y servicios altamente competitivos, buscando satisfacer las necesidades de los consumidores y las propias. Diversificar la oferta de productos de la cadena apícola fortalece al sector.

 

 

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