Apuntes sobre la película “Gilda, no me arrepiento de este amor”

La película “Gilda, no me arrepiento de este amor” se estrena en todo el país al cumplirse 20 años de aquel trágico accidente en el que perdieron la vida Myriam Alejandra Bianchi (nuestra querida cantante Gilda) su madre, su hija mayor, tres músicos de su banda y el chofer. Fue un 7 de septiembre de 1996, en la ruta 12, camino a Concordia.

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Escrito por Miguel Martinez Anón, para la agenciapacourondo.com.ar

Antes de ingresar a la sala de cine, a esa función reservada solamente para periodistas, estaba seguro que la película iba a desentrañar en mí infinidad de imágenes y sensaciones de aquella época. Un contexto duro, triste para toda la sociedad.

En un repicar de situaciones sociales muy hostiles, los casettes de Gilda circulaban en noches marginales, en ollas populares, en bailantas suburbanas, en pensiones sórdidas, en piquetes y escraches…sus canciones eran parte de nuestra salvación, y hacía mover nuestro esqueleto lleno de frío y desaliento.

“Es que te quiero tanto tanto,
que hasta me provoca llanto”
(Gilda, Es que te quiero tanto)

Natalia Oreiro es Gilda. Es igual a ella. Sus facciones, sus movimientos, su cantar. Es idéntica a ella, es nuestra cantante. Es Myriam Alejandra Bianchi, la mujer compungida que canta temas de Sui Generis, de Gal Costa, de Django, mientras plancha y atiende a sus hijos. La que ve a su padre en el pasado, recostado con ella en el árbol del patio enseñándole a tocar la guitarra.

Myriam de Villa Devoto, una chica modosita, del signo de Libra, educada en un convento, que actuaba de chiquita en su casa, y se disfrazaba y cantaba para todos; la que al crecer oficiaba de maestra jardinera y ama de casa, con un marido gris y una madre escandalosa.

Es la chica tímida que se presenta a un casting del barrio del Once y se abre paso, con su cuerpo diminuto y sus ropas discretas entre odaliscas pechugonas y exhuberantes como Lía Crucet y la Bomba Tucumana. La que da sus primeros pasos de baile frente un televisor, y presenta sus primeros conciertos en kermeses tristes, para dos o tres borrachos.

Es la chica que comienza a crecer y se agiganta.

Tal vez una de las escenas más emotivas de la película es cuando canta el tema “Fuiste” en una unidad penitenciaria. Los presos gritan enloquecidos y ella les pregunta si alguna vez estuvieron enamorados, y ellos responden:

“Sí!!de vos!!!te amo te amo!!!”, y suben al escenario en cuero, entre los músicos y los canas, y bailan y cantan junto a ella:

“No me queda ya más tiempo
para mendigar migajas de tu estúpido cariño
yo me planto, y digo basta
basta para mí,
porque estoy desenamorada de ti”

Myriam se mira al espejo con su delantal de maestra jardinera, y quiere cumplir su sueño de cantante.

“La maestra jardinera que explota” dice Roly Serrano, en su papel de “Tigre” mientras señala a Gilda, abrazado a una de sus odaliscas, en un antro más parecido a un baño de Constitución que a un camarín. Y lo dice con confianza, porque sabe que ha contratado a una grande, a la más grande.

Tigre es el mafioso de las bailantas, el que siempre se queda con toda la guita de los conciertos, el que pone el chumbo sobre la mesa junto al nuevo contrato.

Myriam se convierte en Gilda, y se viste distinto por las noches, renuncia a la docencia y se maquilla y se enfrenta a un marido celoso y violento.

Gilda es la estrella de todos nuestros días, sus canciones son la fibra más sensible de este pueblo.Su presencia y su voz son la banda sonora de los humildes, de los postergados, de los nadies.

“Noches vacías”, “Se me ha perdido un corazón”, “Corazón herido”, “Fuiste”, “Tú mi cárcel”, “Un amor verdadero”, “Te cerraré la puerta”, “No es mi despedida” son algunas de las canciones que invaden la película y te sacuden en la butaca. Sus letras de amor contrastan profundamente con el clima mercantilista y berreta de la pizza, el champán, la pollera amarilla y la bombachita de aquella época.

Y con este tiempo también.

Necesitábamos ante este desgarro de época una Gilda otra vez, una Gilda que nos abrace con sus letras, su sinceridad, su gracia y su ternura.

Y aquí está, en la pantalla otra vez, de la mano de Lorena Muñoz (que en 2003 realizó “Yo no sé que me han hecho tus ojos”, documental de Ada Falcón, una diva del tango)  y del productor Banjamin Avila (director de “Infancia Clandestina”). Junto a un gran elenco de actores que, como decían en mi barrio, se sacan chispas!! Entre ellos destaco las actuaciones de Javier Drolas, Daniel Melingo y la pequeña Ángela Torres.

Con sonido de trompetas y timbales dejo mis impresiones aquí sobre esta bella película y espero que la disfruten.

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