La última edición del encuentro técnico EnBio, realizada en la ciudad de Junín, puso en primer plano una problemática que muchos productores experimentan pero que pocas veces se mide con precisión: el estrés abiótico en los cultivos.
Especialistas de Argentina y del exterior coincidieron en que los rindes estancados, la compactación y la degradación de los suelos están fuertemente vinculados con factores climáticos y mecánicos que afectan cultivos clave como soja y maíz, y que en muchos casos pasan inadvertidos.
La jornada comenzó con una recorrida a campo donde se presentaron ensayos de manejo del estrés en soja y maíz mediante distintas tecnologías e insumos. Participaron el director nacional de Agricultura, Jorge Gambale, el ministro de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires, Javier Rodríguez, y el intendente de Junín, Juan Fiorini, quienes coincidieron en la importancia de poner esta problemática en agenda, ya que hoy podría explicar cerca del 50% de la pérdida del potencial de rendimiento.
El ingeniero agrónomo Sebastián Zuil explicó que los estreses abióticos —climáticos o mecánicos— suelen pasar desapercibidos en el manejo agronómico. “Hacemos entradas exclusivas a los lotes para el control de estreses bióticos, pero no para estreses abióticos y perdemos mucho rendimiento”, señaló.
Según detalló, en los últimos siete años la frecuencia e intensidad de estos estreses aumentó respecto de la base climática histórica, lo que obliga a replantear estrategias productivas. Entre las recomendaciones, mencionó la necesidad de seleccionar cultivares e híbridos con mayor tolerancia a estreses ambientales, alta capacidad de compensación y mayor estabilidad en la producción.
Por su parte, el asesor Wenceslao Tejerina, director de Agroestrategias, sostuvo que las pérdidas de rendimiento por estrés abiótico pueden llegar hasta el 65%, y enumeró entre sus causas a altas temperaturas, radiación ultravioleta, exceso de luminosidad, sequía, heladas, salinidad, viento, deficiencias nutricionales y asfixia radicular.
Tejerina planteó además un cambio de enfoque en el manejo agronómico: “Durante décadas nos entrenaron para preguntar cuántas bolsas de NPK necesitamos. Hoy la pregunta debería ser cómo liberar los nutrientes que ya están en el suelo”. En ese sentido, destacó que muchos suelos no carecen de nutrientes, sino de actividad biológica, por lo que la microbiología del suelo empieza a ocupar un rol central en la productividad.
El presidente de la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (Acsoja), Rodolfo Rossi, también advirtió sobre el impacto del cambio climático en la producción agrícola. Citando estimaciones de la revista científica Nature, indicó que hacia mediados de siglo los efectos del cambio climático podrían generar daños económicos globales cercanos a los 38 mil millones de dólares por año.
“Se viene un aumento de las temperaturas que provocará una caída en la producción. Es momento de apoyar prácticas agrícolas basadas en cultivos tolerantes al calor y la sequía”, afirmó.
Entre los especialistas invitados estuvo el investigador mexicano Prometeo Sánchez García, profesor del Colegio de Postgraduados de México, quien mostró tecnologías para diagnosticar estrés en plantas aparentemente sanas. Durante la recorrida explicó que una planta puede verse vigorosa pero estar perdiendo rendimiento si sus estomas —las “bocas” de la planta— permanecen cerrados, lo que impide la correcta absorción de agua.

Sánchez García también alertó sobre el problema de compactación de suelos, que puede tener origen físico, químico o biológico. El tránsito reiterado de maquinaria, la acumulación de ciertos nutrientes o procesos naturales como la acción de la lluvia pueden generar taponamiento de los poros del suelo, reduciendo la infiltración de agua y el desarrollo radicular.
Entre las recomendaciones para revertir este fenómeno, sugirió aplicar ácidos orgánicos para mejorar la estructura del suelo y luego incorporar micronutrientes, con el objetivo de favorecer la microbiología del suelo y mejorar el ambiente donde se desarrollan los cultivos.

