La última publicación del informe mensual de oferta y demanda agrícola del USDA sorprendió a los mercados globales y, como reflejó el reporte semanal Agroperspectivas (19–25 de enero), generó una fuerte reconfiguración de expectativas técnicas y comerciales para los principales granos. El dato más disruptivo volvió a provenir del maíz, donde Estados Unidos proyectó una cosecha récord de 432 millones de toneladas, casi 7 millones por encima de lo esperado, cuando los analistas anticipaban recortes productivos. La reacción fue una baja abrupta de precios en Chicago, que arrastró al conjunto de los granos.
“El mercado esperaba un escenario mucho más ajustado y se encontró con una producción récord. Ese desfasaje explica la fuerte caída inicial en los precios”, explicó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral. No obstante, tras el impacto inicial, criterios fundamentales de demanda y riesgos productivos regionales comenzaron a operar como posibles sostén de los valores.
El documento Agroperspectivas señala que, después de la sorpresa bajista del USDA, emergen algunos fundamentos que podrían contrarrestar la presión inicial. Entre ellos, se destaca la fortaleza de las exportaciones semanales de EE.UU., un factor que reactiva la demanda física del maíz y la soja incluso en un contexto de oferta abultada.
Además, el informe advierte sobre riesgos productivos en Sudamérica: en Brasil, la siembra tardía de soja podría afectar el desarrollo de la safrinha de maíz, mientras que en Argentina un clima más cálido y seco en regiones centrales está generando alertas para la condición de cultivos, especialmente en soja.
El escenario local cobra especial atención porque, como indica el informe, las lluvias han esquivado zonas clave —norte de Buenos Aires, sur de Santa Fe y sur de Córdoba—, afectando la evolución de los cultivos. Si bien los niveles productivos siguen siendo históricamente altos, la falta de agua en el centro del país añade incertidumbre para la soja, cuyo rumbo de precios dependerá tanto de la oferta global como de cómo evolucione la condición climática en los próximos meses.
En soja, el USDA también introdujo un sesgo negativo en su informe mensual: se proyectó una producción estadounidense algo mayor, al tiempo que se redujeron sus exportaciones, incorporando la influencia de una menor demanda por parte de China. Además, la cosecha temprana en Brasil y la expectativa de una producción elevada refuerzan la presión de exceso de oferta global, señalado como el principal factor de preocupación para los precios.
Mientras tanto, el trigo presenta un comportamiento algo distinto: tras digerirse la noticia de una cosecha mundial récord para la campaña 2025/26, los niveles actuales de precio están generando mayor interés comprador, lo que puede funcionar como un piso técnico para el mercado. En Argentina, la cosecha de trigo finalizó con un récord histórico de 27,8 millones de toneladas, y luego de la presión propia de la cosecha, los precios han logrado una relativa estabilización en niveles más razonables.
“El dato positivo para Argentina es que, a estos precios, seguimos siendo competitivos en el mercado internacional, y nuestras exportaciones vienen muy firmes”, concluyó Romano. Sin embargo, aclaró que sostener ese ritmo requerirá mantener valores relativamente bajos hasta poder empalmar con el próximo ciclo agrícola.
En síntesis, el impacto inicial del USDA en los precios del maíz podría encontrar compensaciones más adelante, pero el foco del mercado —y de Argentina— está puesto en la soja, donde la abundancia de oferta global y las condiciones climáticas locales serán determinantes para el rumbo de los precios en los próximos meses. Paralelamente, datos semanales como los compilados en Agroperspectivas ayudan a interpretar cómo se mueven las expectativas de oferta, demanda y riesgo climático para cada uno de los pilares del complejo granario.

