A apenas 180 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, el partido de Saladillo se consolida como una opción ideal para quienes buscan una escapada distinta, lejos del turismo masivo y cerca de la identidad rural bonaerense. Sus pueblos y parajes ofrecen una experiencia donde la gastronomía criolla, la historia y la vida de campo se combinan para disfrutar un verano sin apuro.
En este recorrido, antiguas pulperías y almacenes de ramos generales recuperaron su esencia y hoy vuelven a ser puntos de encuentro, con propuestas que despiertan el paladar y también la memoria colectiva.
Uno de los imperdibles es Lo de Tenca, en el pueblo de Cazón, a 15 kilómetros de la ciudad cabecera. Allí, Paola Del Valle y Jorge Lecuima devolvieron la vida a un histórico almacén que durante décadas fue el corazón social del pueblo. Con una propuesta basada en comidas típicas, picadas, asados, empanadas y postres caseros, el lugar conserva la estética de la vieja pulpería: manteles a cuadros, objetos antiguos, sombreros colgados y un clima cálido y familiar. Abre sábados, domingos y feriados al mediodía, con capacidad limitada y la proyección de sumar horarios para disfrutar los atardeceres rurales. @lodetenca
Otra parada obligada es El Puntal, en Álvarez de Toledo, un paraje cercano a Saladillo donde un almacén de ramos generales de 1930 volvió a abrir sus puertas en 2012. Sostenido por Viviana Benedetti, su familia y amigos, el espacio conserva pisos de madera gastada, mostradores originales, estanterías repletas de objetos, radios antiguas y más de 80 libros contables que registran la vida comercial del pueblo desde 1937. Con su trastienda, patio con asador y el antiguo salón de remates —hoy convertido en museo—, El Puntal es mucho más que un lugar para comer: es un archivo vivo de la cultura rural. @elpuntaltoledo

También en Cazón, la Pulpería de Cazón reabrió en septiembre de 2023 gracias al impulso de cinco amigos decididos a preservar la tradición. Fundada originalmente por el asturiano Otero, hoy combina comida tradicional, música popular y un ambiente rústico, donde conviven libros antiguos de temática gauchesca y productos regionales de distintos puntos del país. El proyecto retoma el espíritu comunitario que sus impulsores ya habían desarrollado con Mamorka, un bar-centro cultural que marcó la vida cultural local. Precios accesibles y un clima genuino hacen de este espacio un verdadero punto de encuentro. @lapulperiadecazon
La experiencia se completa en Polvaredas, una localidad de poco más de 300 habitantes, donde el Bar Luna Parkfunciona como bar, museo y cancha de bochas. Sostenido por Marcos y Estefanía, este espacio conserva la mística de los tiempos en que el tren pasaba por el pueblo y las tardes se llenaban de cartas, bochas y largas charlas. Cada objeto expuesto forma parte de un mini museo comunitario que invita a detenerse y escuchar historias. @barlunapark.polvaredas
Otra parada imperdible es Pulpería El Payador, ubicada en una antigua casona restaurada en la esquina del Acceso Cicaré y La Magnolia. Allí, la gastronomía criolla, la música y la memoria cultural se encuentran en un entorno arbolado y relajado. Empanadas fritas al disco, carnes, pastas y postres caseros se combinan con música en vivo, especialmente los sábados, cuando el amplio patio se llena de familias y visitantes que disfrutan las noches de verano al aire libre. @elpayador23
Finalmente, en Álvarez de Toledo, La Peña del Oxidado suma una propuesta cultural distinta. Impulsado por Ángel Vicente Tiseira, este espacio —abierto en 2022— combina gastronomía moderna, arte y actividades culturales. El local y su gran patio invitan a recorrer fotografías, diseño interior y un fogón central que convoca a encuentros, música y presentaciones de artistas locales y regionales, en un entorno rural tranquilo y rodeado de verde. @eloxidado2025
Así, Saladillo propone un viaje diferente: sabores tradicionales, historias que siguen vivas y lugares donde cada mesa y cada objeto cuentan un fragmento del pasado bonaerense. Una invitación a sentarse, compartir y dejarse llevar por el encanto de las pulperías que aún marcan el pulso del interior.
