La misión Artemis II marcó un antes y un después en la exploración espacial al convertirse en el primer vuelo tripulado de la NASA desde el histórico Programa Apolo. A bordo de la nave Orion, cuatro astronautas lograron capturar las primeras imágenes del lado oculto de la Luna vistas directamente por humanos en décadas.
Lanzada desde el Centro Espacial Kennedy en Florida, el 1 de abril de 2026 mediante el cohete Space Launch System, la misión llevó a la tripulación a rodear el satélite natural, una maniobra que implicó atravesar su cara oculta. Allí se produjo el conocido “silencio de radio”, un fenómeno inevitable: al quedar la Luna entre la nave y la Tierra, las comunicaciones se interrumpen por completo.
Un viaje con hitos únicos y una mirada inédita
Lejos de ser un inconveniente, este aislamiento permitió a los astronautas vivir una experiencia sin precedentes. Además de registrar zonas casi inexploradas, presenciaron un eclipse solar total desde el espacio, con una duración de 57 minutos, mucho más extensa que cualquier eclipse observable desde la Tierra.

La tripulación —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— se convirtió en la primera en observar de forma directa el hemisferio completo de la cara oculta lunar, aunque solo pudieron visualizar una parte iluminada de su superficie.

Más allá de los datos científicos, la experiencia dejó una fuerte huella emocional. “Es la vista más extraña e irreal que hemos tenido hoy”, describió Glover durante el eclipse, mientras que Koch expresó la sensación de descubrir la Luna como un “lugar real”, más allá de su imagen cotidiana desde la Tierra.
Uno de los focos de observación fue el Mare Orientale, una región marcada por un gigantesco cráter de impacto que representa un objetivo clave para la investigación.
Tras seis días de misión, Artemis II alcanzó este punto histórico y comenzó su trayectoria de regreso, consolidando una nueva etapa en la exploración humana del espacio profundo.

En esta vista de la Luna, la cara visible (el hemisferio que vemos desde la Tierra) es visible en la mitad superior del disco lunar. Se identifica por las manchas oscuras. Se trata de antiguas coladas de lava de una época temprana en la historia de la Luna, cuando era volcánicamente activa. El gran cráter que aparece debajo de las coladas de lava, oscuro en el centro, es la cuenca Orientale, un cráter de casi 965 kilómetros de ancho que se extiende entre las caras visible y oculta de la Luna, y que es parcialmente visible desde la Tierra en el borde lunar. En esta imagen, tenemos una vista completa del cráter. Todo lo que se encuentra debajo del cráter es la cara oculta, el hemisferio que no podemos ver desde la Tierra porque la Luna rota sobre su eje a la misma velocidad que orbita a nuestro alrededor.
Primeras imagenes


Créditos de las imagenes: NASA


