Los problemas de rindes estancados, compactación y degradación de suelos se repiten en gran parte de los campos argentinos. Detrás de esta situación aparece una causa que muchas veces no ocupa un lugar central en las estrategias de manejo: el estrés abiótico, una problemática agronómica que puede generar pérdidas superiores al 50% del potencial productivo de los cultivos.
Con el objetivo de abordar este tema clave para la agricultura, el Dr. Prometeo Sánchez García, profesor e investigador del Colegio de Postgraduados de México y uno de los mayores especialistas de habla hispana en manejo de estrés abiótico, llegará a la Argentina para participar de EnBio 2026. El encuentro se realizará los días 25 y 26 de febrero en la ciudad de Junín, provincia de Buenos Aires.
Según Sánchez García, uno de los factores centrales del estrés abiótico es la compactación de los suelos, que puede tener origen físico, químico o biológico. La compactación física está asociada al tipo de suelo y al tránsito reiterado de maquinaria agrícola, mientras que la compactación química se vincula a la acumulación de calcio y a la formación de compuestos que generan taponamientos en los poros del suelo, afectando la infiltración del agua y el desarrollo radicular.

“El uso continuo de determinados fertilizantes puede favorecer la formación de estos taponamientos, lo que reduce la oxigenación del suelo y limita el crecimiento de las raíces”, explicó el especialista. Frente a este escenario, destacó el rol de los microorganismos benéficos, como Bacillus subtilis, que contribuyen a mejorar la estructura del suelo, el drenaje, el aprovechamiento de los nutrientes y la tolerancia de las plantas frente al estrés.
Otro de los ejes centrales es el estrés climático, considerado uno de los principales depredadores del rinde agrícola. Altas o bajas temperaturas, radiación excesiva, humedad relativa extrema o déficit hídrico generan respuestas de estrés que no pueden resolverse con manejos tradicionales ni con productos de síntesis química.
Para mitigar estos efectos, Sánchez García señaló tres líneas de acción principales: el mejoramiento genético, el uso de infraestructura y tecnologías específicas, y la bioestimulación. Esta última incluye la aplicación de productos a base de algas marinas, aminoácidos, ácidos fenólicos, silicio y glicina betaína, entre otros, ajustados a cada tipo de estrés ambiental.
“Cada condición climática requiere una estrategia distinta. La bioestimulación permite acompañar las defensas naturales de las plantas y mejorar su rendimiento y sanidad”, afirmó el especialista, quien también destacó el uso de estaciones meteorológicas para generar mapas de estrés climático y diseñar programas de manejo más precisos.
El Dr. Prometeo Sánchez García disertará junto a otros especialistas invitados en EnBio 2026, el encuentro anual sobre producción con biológicos y estrategias sustentables, organizado por Agribio con el apoyo de la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (UNNOBA). La participación es gratuita, con cupos limitados, y la inscripción ya se encuentra abierta.

