Después de cinco años, las vacas Holando Argentino regresaron a la pista central de la Exposición Rural de Palermo. La última participación institucional con jura había sido en 2019, y si bien en ediciones recientes hubo presencia con un tambo robótico demostrativo, la vuelta al ruedo con animales en competencia marca un punto de inflexión para esta raza emblemática de la lechería argentina.
“La vaca, para el común de la gente, es la blanca y negra”, dijo el ingeniero agrónomo Mariano Brave, secretario ejecutivo de la Asociación Criadores de Holando Argentino (ACHA), subrayando la potencia simbólica del Holando. “Está en los dibujos escolares, en las marquesinas de las carnicerías, en los logos de las queserías. Está en todos lados”.
El objetivo, según Brave, es claro: acompañar al productor con herramientas concretas que mejoren la eficiencia del tambo. En ese camino, ACHA trabaja con control lechero, registros de cría y ahora también con genómica. “Firmamos un convenio con un laboratorio para que los productores puedan testear genéticamente sus animales, sobre todo las hembras jóvenes. Nos mandan una muestra de pelo, y en un mes tienen resultados sobre el potencial productivo de cada ejemplar”, explicó.
La genética y los datos se cruzan en una prueba nacional en desarrollo junto a universidades, integrando registros de cría y control lechero oficial. El objetivo: ofrecer información confiable para tomar mejores decisiones.
Este esperado regreso tiene nombre propio. Ocho ejemplares del Tambo El Solaz, propiedad de Teodoro Mulder —criador histórico y ex vicepresidente de ACHA— representarán a la raza: seis vacas, una vaquillona y un toro que subirán nuevamente a la arena palermitana.
Además, en el stand institucional de ACHA en el Pabellón Ocre se está difundiendo la próxima Fiesta Nacional del Holando, que se realizará en septiembre en Villa María, Córdoba, reafirmando el compromiso con la difusión, la genética y la identidad lechera del país.

