Se estrenó la tercera temporada de Habitación Macbeth, en versión para un actor, de Pompeyo Audivert, sobre la obra clásica de Macbeth de Williams Shakespeare. La cita es en el Teatro Metropolitan Sura (Av. Corrientes 1343, CABA), los viernes y sábados a las 20 y hasta el 30 de marzo de este año.
Con la actuación y dirección de Pompeyo Audivert y la música original de Claudio Peña y en homenaje a Lorenzo Quinteros, la obra nacida en el circuito llamado “under” ahora en su tercera temporada llegó al circuito teatral “comercial”.
Sin duda una división un tanto absurda, ya que, durante dos temporadas, estuvo en cartel en el Centro Cultural de la Cooperación, a escasas dos cuadras de la actual sala en donde se ofrece esta magnífica obra.
Habitación Macbeth es una propuesta teatral intensa y que es mucho más que un intento o una intención de re leer a Shakespeare y sus tragedias; es la corporización de sentimientos tan oscuros como el engaño y la traición; la muerte vestida de asesinato y ambición.

A la brillante actuación de Audivert quien se sumerge en sus personajes, desdoblándose gracias a los precisos y eficaces tonos de voz, se le suma una expresión corporal y gestual que es esencial y necesaria para comprender y sumergirse con el actor en el denso y espeso universo shakespeariano.
La poética del texto, por momentos ocurrente, pero sin perder la potencia de su significado, logra despertar risas tenues y hasta breves, pero que salen al rescate de tanta tragedia elucubrada por las intenciones de esos personajes superpuestos en un solo actor que cobran vida con apenas una actitud, un cambio en la voz y los
ademanes correctos y que logra pintarlos de cuerpo entero.
Con un vestuario austero pero eficaz, el actor logra insertarse en las historias de personajes que son nombrados y otros que aparecen y se someten a un eficiente diseño de iluminación que sigue los pasos del actor y lo coloca y lo enfrenta a sus sombras siempre amenazantes, pero hacen a la cadencia que la obra impone en toda su extensión y a la que suma un efecto sonoro amalgamado con las voces en eco y la música en vivo.
Toda una maquinaria teatral y de producción que se manifiesta en una escenografía basada en objetos movibles que son llevados y traídos por un personaje que pronuncia palabras o frases inentendibles, pero que logra crear el clima para el siguiente acto, con su cuota anticipada de misterio.
Un misterio construido con las irrefrenables intenciones de optar por el crimen, justificable, liberador, pero con una proyección a futuro que se traduce en sangre que nunca desaparece de las manos del asesino y que jamás tendrá un sueño tranquilo y apacible. La culpa y el remordimiento y las muertes prematuras, son la esencia de la tragedia nacida de la pluma de Shakespeare.
Dice el actor y director Pompeyo Audivert:
“Shakespeare convoca los reflejos infieles que yacen más allá de la conciencia, la conciencia no es más que un obstáculo ficcional, el espejo antes del piedrazo, él lo sabe, y sin embargo la establece como carnada para pescar un bicho mayor, un asunto sobrehumano, o, mejor dicho, infrahumano, que acecha en el fondo del espejo y solo se revelará al romperlo: estamos habitados por fuerzas dorsales que viven larvadas en nosotros, rémoras de un crimen social que fundó nuestra perspectiva histórica y no cesa de producirse, somos una sociedad Macbeth, nacida de una voluntad de poder compulsiva, cargada de un imperio que no admite rechazo”.
“Erigir un espejo para reflejar alguna circunstancia ficcional y concitar así una unidad referencial con los espectadores, es, a fin de cuentas, una estrategia teatral muy común; apedrear el espejo en el momento en que esa unidad se ha producido y amenaza cristalizarse no lo es (por eso Shakespeare y Beckett son geniales, no quieren reflejar al mundo sino revelar su condición de lápida)”.
“El piedrazo rompe la promesa unidimensional del reflejo dejando que el espejo revele sus valencias secretas, sus misterios y su profundidad abismal, hasta el punto de volverse pozo ciego, antro que deglute la perspectiva ficcional del frente histórico, para devolver fantasmagorías alucinadas, preñadas de delirios y pasiones que dicen ser nosotros (nos otros). En Macbeth es el espíritu del crimen el que se presenta, atizado por una fuerza sobrenatural (Hécate) que lo reclama y despierta, que lo impele sin réplica, a encarnar y manifestarse, a tomar el poder y acendrar su quilate hasta el martirio en el patíbulo metafísico del teatro”.
La hicieron posible
Actuación y dirección: Pompeyo Audivert. Músico: Claudio Peña.
Vestuario: Luciana Gutman. Escenografía: Lucia Rabey. Diseño de
luces: Horacio Novelle. Redes Sociales: Micaela Borlasca, Verónica
Costa. Música original: Claudio Peña. Fotografía: Santiago Martinelli
Massa, Bernabé Rivarola. Diseño web: Verónica Costa. Diseño
gráfico: Micaela Borlasca, Verónica Costa. Asistencia: Iván Altschuler,
Verónica Costa, Marta Davico, Mónica Goizueta. Producción ejecutiva:
Marta Davico, Mónica Goizueta. Agradecimientos: Fernando Becerra,
Andrés Gerardi, José Glusman.
Premios recibidos
María Guerrero 2022:
Mejor Actor; Mejor Adaptación. Mejor Música Original e Interpretación. Mejor Iluminación.
Trinidad Guevara 2021/22: Trayectoria, Pompeyo Audivert. Mejor Iluminación.
ACE 2022: Mejor actor. Actuación masculina en obra para un solo actor.
Estrellas de Mar 2022: Mejor Drama. Mejor Actuación Protagónica. Mejor Iluminación
Siripo 2022: Mejor Obra Nacional presentada en Córdoba Escuela de espectadores 2022: Obra destacada.
Luisa Vehil 2021: Mejor Dirección

