El Gobierno atraviesa semanas de alta tensión política y económica tras el revés electoral en la provincia de Buenos Aires. La derrota en el principal distrito del país reconfiguró el escenario de poder y aceleró la necesidad de enviar señales de certidumbre a los mercados, a los gobernadores y a los organismos internacionales.
En un informe macroeconómico elaborado por el área Economía de la Unidad I+D CREA, con información del INDEC y del Ministerio de Economía sostienen que “la combinación de un Congreso difícil, vetos presidenciales y dudas sobre la continuidad del esquema de bandas cambiarias generó un clima de volatilidad financiera. La búsqueda de cobertura preelectoral y el aumento en la demanda de dólares —tanto oficiales como financieros y futuros— incrementaron la presión sobre el mercado cambiario”.
El anuncio de un acuerdo con el Tesoro de los Estados Unidos trajo algo de alivio transitorio, pero no logró disipar la incertidumbre. Las reservas disponibles, entre el Tesoro (USD3 mil millones) y el Banco Central (USD13 mil millones), permiten enfrentar las demandas inmediatas, aunque a costa de restar fondos futuros para el pago de deuda (USD4.300 millones en enero de 2026).
Tras la derrota en Buenos Aires, el oficialismo intentó recuperar la iniciativa con una convocatoria al diálogo con los gobernadores. El objetivo: reconstruir mayorías legislativas y generar el marco político que reclaman tanto el FMI como el Tesoro estadounidense, analizan desde el Movimiento CREA..
En paralelo, el Gobierno ratificó su compromiso con el equilibrio fiscal. Con un superávit acumulado del 1,3% del PBI hasta agosto, se encamina a cumplir las metas del Fondo (1,2% a diciembre) e incluso su propia proyección (1,6%).
El proyecto de Presupuesto 2026 busca consolidar esa línea, previendo un superávit del 1,5% del PBI. Aunque la proyección de un crecimiento del 23% en los Derechos de Exportación despertó sospechas sobre posibles cambios en las alícuotas, el Ejecutivo aseguró que responde a limitaciones técnicas del cálculo presupuestario.
Dólares, reservas y tensiones en alza
La situación económica sigue siendo delicada. La inflación anualizada de agosto (34%), la caída de la actividad (-1,5% desde febrero) y el riesgo país en alza (1.264 puntos básicos) se combinan con metas de acumulación de reservas difíciles de cumplir.
La intervención del Banco Central por más de USD1.100 millones para contener el tipo de cambio dentro de las bandas dejó en evidencia el nivel de stress financiero. Con un dólar que llegó a tocar los $1.474, la presión sobre las reservas “se vuelve cada vez más insostenible”.
El anuncio de un swap de USD20 mil millones con el Tesoro de EE.UU. —acompañado por el compromiso público del secretario Scott Bessent de “hacer todo lo necesario” para apoyar a la Argentina— logró calmar parcialmente los mercados. Sin embargo, aún resta conocer los detalles del acuerdo y sus posibles condicionalidades.
En el frente interno, la suspensión temporal de los Derechos de Exportación para granos, oleaginosas y carnes buscó oxigenar la oferta de dólares. Pero el efecto fue limitado: el cupo de USD7.000 millones en Declaraciones Juradas de Venta al Exterior (DJVE) se agotó en apenas tres días y los precios no trasladaron plenamente la baja de retenciones. El costo fiscal de la medida rondó los USD1.500 millones, equivalentes al 0,2% del PBI.
Aunque el Gobierno logró estabilizar el tipo de cambio en torno a los $1.300/1.400 y mantener superávit comercial, el efecto positivo se desvaneció pronto. La falta de confirmación de fondos frescos por parte del Tesoro estadounidense y la escasa liquidación de divisas del agro limitaron el impacto.
A esto se suma la advertencia de Gita Gopinath, ex subdirectora del FMI, quien señaló que “para alcanzar un progreso duradero, la economía argentina requerirá un régimen cambiario más flexible”.
En busca de estabilidad política
A modo de conclusión, consideran desde CREA que sin mayoría propia, el Gobierno dependerá de acuerdos con gobernadores y bloques moderados para impulsar leyes clave y sostener su programa económico. Si el resultado electoral es favorable, podría fortalecer su capacidad de negociación y encarar las reformas estructurales pendientes. En caso contrario, el margen de maniobra se reducirá drásticamente.
De una forma u otra, los próximos meses definirán si la Argentina logra consolidar un rumbo económico estable o si las tensiones políticas y cambiarias vuelven a marcar el compás. En tiempos de volatilidad, lo que más se necesita es justamente lo que escasea: certidumbre.

