La nueva política arancelaria de los Estados Unidos, implementada por el presidente Donald Trump desde el 2 de abril, se apoya en tres pilares: económicos, comerciales y geopolíticos. Bajo el argumento de que los aranceles de importación estadounidenses son más bajos que los de otros países —lo que generaría condiciones de competencia desleal—, Washington comenzó a renegociar acuerdos bilaterales con sus principales socios.
A los entendimientos ya anunciados, el 26 de octubre se sumaron Malasia, Tailandia, Camboya y Vietnam, en el marco de la llamada política de reciprocidad arancelaria.
Los nuevos instrumentos incluyen acuerdos de comercio recíproco (con Malasia y Camboya), marcos referenciales para futuras negociaciones (con Tailandia y Vietnam) y entendimientos sobre minerales críticos (con Malasia y Tailandia).
Los países asiáticos se comprometieron a reducir o eliminar aranceles a una amplia gama de productos industriales y agroalimentarios estadounidenses —entre ellos carnes, cereales, aceites y lácteos— y a disminuir barreras no arancelarias como licencias previas y normas sanitarias. En reciprocidad, Estados Unidos aplicará aranceles del 19 % al 20 % sobre los productos de esas naciones.
Uno de los rasgos más distintivos de los acuerdos es la incorporación de cláusulas de seguridad económica y nacional. Malasia y Camboya deberán “alinear” sus políticas frente a terceros países si Washington adopta medidas defensivas. También se establecen compromisos de compra e inversión concretos a favor de empresas norteamericanas, entre ellos una inversión de 70.000 millones de dólares de Malasia y la compra por parte de Tailandia de productos agrícolas, aeronaves y energía por más de 25.000 millones de dólares.
Los acuerdos bilaterales se enmarcan en un escenario de distensión temporal entre Washington y Pekín. El 30 de octubre, los presidentes Trump y Xi Jinping acordaron reducir parcialmente aranceles —del 57 % al 47 %—, aplazar restricciones tecnológicas y aumentar las compras chinas de petróleo, gas y soja estadounidenses.
Según la Fundación INAI, autora del informe elaborado por Maximiliano Moreno y Juliana Inda, la tensión competitiva entre ambas potencias continuará marcando la dinámica del comercio global. Para la Argentina, no se prevén impactos negativos directos, aunque el país deberá seguir de cerca los cambios en las reglas del comercio internacional.
Fuente: Fundación INAI – Informe elaborado por Maximiliano Moreno y Juliana Inda

