En su reciente paso por Argentina, el Dr. Ismail Cakmak, investigador de la Universidad de Sabanci (Turquía) y referente internacional en nutrición vegetal, brindó una presentación organizada por Fertilizar Asociación Civil, la Facultad de Agronomía de la UBA y auspiciada por Mosaic sobre los desafíos actuales en la nutrición de cultivos y las soluciones posibles, con especial foco en la región pampeana. En una rueda de prensa realizada en inglés con traducción al castellano por el Ing. Agr. Oscar Pérez, gerente de Productos Performance de Mosaic Latinoamérica, Cakmak dejó conceptos clave sobre la situación de los suelos, la producción y el rol estratégico de una correcta nutrición mineral.

“La región pampeana de la Argentina enfrenta varios problemas de estrés: sequías, altas temperaturas, enfermedades y plagas. Mi foco hoy fue la nutrición, porque está documentado que hay agotamiento de nutrientes. Cada vez que cosechamos, nos llevamos nutrientes del suelo, y su reposición no es suficiente”, explicó Cakmak. Y agregó: “Por ejemplo, tú estás aplicando 100 kg del nutriente, pero estás removiéndole 120 kg. Entonces, hay un déficit de 20 kg por hectárea cada año”.
Por lo tanto, el agotamiento de nutrientes está relacionado con el problema de la deficiencia de nutrientes en los cultivos. Reduce la capacidad y el potencial de rendimiento de las plantas. Y enfatizó con que “si los suelos son pobres en minerales, los cultivos demuestran menor capacidad de tolerar el estrés, ya sea biótico causado por enfermedades y plagas, o abióticos, como las sequias o las altas temperaturas”.
Según el especialista, la deficiencia mineral —particularmente de fósforo, azufre, zinc, boro y magnesio— limita la productividad y la calidad nutricional de los granos. Si bien Argentina no está en la situación extrema de África, donde algunos científicos hablan de “suelos muertos”. Y advirtió: “Debemos prestar atención. El problema es más crítico en las áreas sojeras, donde la remoción de nutrientes es mayor”.
Durante su exposición, el investigador cuestionó una idea que, según dijo, escuchó por primera vez en el país: que ciertos insumos biológicos pueden reemplazar la fertilización mineral. “Esto es incorrecto. Los productos biológicos pueden complementar, mejorar la disponibilidad de nutrientes o acelerar procesos, pero nunca reemplazar el aporte mineral que necesitan las plantas. No ahora, ni en el futuro”, subrayó el catedrático.
Para graficar, mencionó: “Una hoja puede contener 3 gramos de potasio y 5 gramos de azufre cada 100 gramos de peso. No hay forma de alcanzar esos valores solo con biológicos”.


Escuchar a las plantas: el análisis foliar
Una de las herramientas más eficaces para conocer el estado nutricional real de los cultivos es el análisis de tejido foliar, práctica que, según el experto, aún no está generalizada en Argentina. “Es como un análisis de sangre: te dice con precisión qué nutrientes faltan. El verdadero jefe en el campo es la planta, y hay que preguntarle cómo está”, afirmó.
Cakmak también destacó el potencial de producir granos biofortificados, ricos en micronutrientes como zinc y selenio. “Esto tendría un doble beneficio: diferenciar el producto en el mercado internacional y contribuir a la nutrición humana, tanto en países importadores como dentro de Argentina, especialmente en áreas rurales donde la dieta se basa en cereales”, señaló.
Destacó que la estrategia de biofortificación puede posicionar a Argentina como proveedor de granos y alimentos con valor nutritivo, y esto podría resultar en nuevos y mejores mercados para la comercialización.
En su exposición, el Dr. Ismail Cakmak recordó que la deficiencia de micronutrientes es un problema de escala mundial. Citando datos recientes publicados en revistas científicas, indicó que 3.000 millones de personas presentan bajos niveles de zinc, 3.000 millones carecen de selenio y 5.000 millones sufren déficit de yodo. Este fenómeno, conocido como “hambre oculta”, implica que una persona puede alimentarse lo suficiente para sentirse saciada, pero continuar privada de elementos esenciales como hierro, zinc o yodo, con consecuencias que incluyen anemia, debilitamiento del sistema inmune, fatiga y bajo rendimiento cognitivo.
En tiempos donde la salud y la seguridad alimentaria ganan protagonismo, el especialista remarcó que la nutrición mineral no solo es clave para la productividad agrícola, sino para el bienestar de las personas. “Los suelos son la base. Si empobrecemos la base, empobrecemos todo lo demás”, concluyó.
Otros conceptos desarrollados fueron:
Relación con cultivos y estrés vegetal
- El potasio es clave para el crecimiento y fortaleza del tallo, componente principal de la lignina y celulosa.
- 80% del potasio de la planta se encuentra en el tallo.
- Tallo grueso = mayor reserva de carbohidratos = más resistencia al estrés (sequía).
- Potasio actúa como una “cuenta de emergencia” que la planta usa bajo condiciones adversas.
- La demanda de potasio aumenta con la densidad de siembra (más plantas por hectárea → más nutrientes requeridos).


