Led Zeppelin fue uno de esos pocos grupos –tan contados que entonces podías acomodarlos en la palma de una sola mano- que a finales de los ´60 eran capaces de captar el zeitgeist, el espíritu de la época. Ellos sonaban y se movían como ninguno: puro volumen, testosterona a full y esponjosas melenas de virulana en electrizante agitación. Su provocador, casi insultante sex appeal estaba siempre encendido y en constante ebullición, y sobre todo tenían a Jimmy Page, uno de los guitarristas más formidables y calientes que hayan pisado este planeta.
Otro de esos visionarios podría haber sido el Jeff Beck Group circa “Truth”, que en 1968 (un año antes del desembarco oficial de Zeppelin en el mercado) había dado vuelta al mundo como una media con aquella versión efervescente del “Shapes Of Things” de los Yardbirds, una banda donde justamente tanto Page como Beck hicieron sus primeras armas.
Pero en verdad eran los Zeppelin los legítimos innovadores, lo que se llamaba por entonces “the real thing”, lo verdadero. Además de Page y bendecido por el fango bluessy del Mississippi, tenían al verdadero negro blanco británico en el cantante Robert Plant (“¡ba-be-ba-be-baaaaa-bbbbeeeeee, voy a dejarte!”); un bajista, John Paul Jones, que excedía holgadamente los límites esclavizantes y dictatoriales de las cuatro cuerdas, y un baterista, John “Bonzo” Bonham, que sencillamente no era humano, sino algo así como un bulldozer tracción a sangre programado para arrollar todo lo que se le cruzara en el camino.
Prácticamente habían inventado ese perezoso y torpe híbrido de la distorsión altamente amplificada. Y durante el cénit de su carrera –aproximadamente de 1969 a 1973- a su alrededor simplemente no había nadie mejor que hiciera la clase de música que ellos hacían. Un imponente, asombroso y somnoliento despertar de los placeres estropeados de la primera era Day-Glo psicodélica.
Mientras los cantantes-compositores inundaban el Top Forty con relatos de infortunio solitario, Zeppelin rebautizaba el acid rock como el sueño de una comunidad druida, martillando riffs a discreción como si estuvieran tallando escalas en un pentagrama de granito. Cantando las letras de sus canciones como si fueran mensajes cifrados en cuyos embriones estaba latiendo la pura verdad.
Como lo puso años atrás Jim Miller, de la Rolling Stone, “’Stairway To Heaven’, una canción que los Zeppelin jamás editaron como single, sobrevivió todos estos años como un auténtico himno de su generación que definió a una audiencia, un tiempo y un lugar tan indelebles como lo hicieron el ‘Light My Fire’ de los Doors, ‘Walk Like A Man’, de los Four Seasons y el ‘Rock Around The Clock’ de Bill Halley”.
De las manos mágicas de Jimmy Page, además de guitarrista también productor virtuoso de todo el energético legado del grupo británico para el sello Atlantic, Warner lanzó últimamente sus tres primeros discos, “Led Zeppelin”, “Led Zeppelin II” (ambos de 1969) y “Led Zeppelin III” (1970), por primera vez remasterizados para la posteridad y generosamente expandidos.
Cada uno de ellos se presenta como un CD doble, con el original y un disco bonus donde anidan desde conciertos memorables y perdidos en el tiempo a reversiones de canciones de público dominio, que habían sobrado (algunas a manera de descarte) y jamás fueron escuchadas de las intensas grabaciones realizadas por aquella época, repartidas entre los estudios Olympic y Island (Londres), Headley Grange (Hampshire) y A&R (Nueva York).
Pero que en definitiva y a pesar de los esteroides sónicos que le imprimen musculatura estas nuevas ediciones, hacen que, en su conjunto, la canción siga siendo la misma.
LO QUE HAY QUE SABER
+ El original de “Led Zeppelin” (1969) repite los clásicos “Good Times Bad Times” y “Dazed And Confused”. Fue la presentación del inconfundible sonido de la banda. El disco bonus es un directo inédito grabado el 10 de octubre del ´69 en el teatro Olympia de París, con un adelanto de lo que sería “Moby Dick”.
+ Editado apenas 7 meses después de su antecesor, “Led Zeppelin II” (1969) es uno de los mejores discos de todos los tiempos, con pesos pesado como “Heartbreaker” y el tremendo “Whole Lotta Love”. Como bonus, incluye mezclas alternativas de “Thank You” y “Living Loving Maid”, además de un inédito: “La La”.
+ Fogoneado por clásicos como “Inmigrant Song” y “Since I´ve Been Loving You”, “Led Zeppelin III” (1970) cierra la trilogía de remasterizados 2014. Las perlas incluyen siete outtakes de estudio y tres canciones que recién ahora ven la luz: “Jenning´s Farm Blues”, “Bathroom Sounds” y “Keys To The Highway/Trouble In Mind”.
UNA VISION DE FUTURO
Sin lugar a dudas, “Whole Lotta Love”, la apertura colosal del inoxidable “Led Zeppelin II”, donde la batería de John Bonham marca a mazazos de tambor lo que muchos coinciden en considerar como el mejor solo de guitarra de todos los tiempos, es una auténtica visión de futuro. Jimmy Page afirmó recientemente a la revista Guitar World que escribió esa canción “tratando de imaginar el arreglo completo antes de entrar al estudio”, y completó que siempre imaginó que sería “bastante avant garde, aunque me preocupaba tener que editarla de tal forma que fuera agradable al paladar”. Graficó que “desafinaba la guitarra radicalmente y, básicamente, tiraba de las cuerdas para hacer una variedad de ruidos, como gruñidos, sonidos que se suponía que no se escuchaban en las radios comerciales”, recuerda con humor.



