Mientras la agenda pública pone el foco en los cultivos, la ganadería atraviesa un momento clave marcado por costos en alza, incertidumbre y oportunidades de mediano plazo que empiezan a asomar.
La ganadería argentina, históricamente ligada a la identidad productiva del país, enfrenta uno de sus momentos más desafiantes. En un contexto donde la conversación pública suele concentrarse en el agro exportador, los productores ganaderos advierten un escenario cada vez más ajustado: aumento de costos, acceso limitado al crédito, regulaciones cambiantes y un clima que no termina de dar tregua.
Según un informe reciente de la Secretaría de Agricultura, el deterioro de los márgenes en distintos eslabones del negocio y el encarecimiento del financiamiento se consolidan como obstáculos centrales. A esto se suma una señal de alerta: los feedlots habrían comenzado a vaciarse de manera anticipada por la pérdida de rentabilidad, lo que podría derivar en un stock ganadero sensiblemente menor hacia fin de año.
Sin embargo, en el campo también convive otra percepción. Productores y analistas coinciden en que la ganadería todavía tiene margen para crecer, tecnificarse y mejorar su eficiencia. Incluso, empiezan a aparecer señales de oportunidad.
El analista económico Salvador Di Stefano viene sosteniendo desde comienzos de 2025 que el horizonte ganadero es más favorable que el agrícola. “La ganadería va a ser un gran negocio en los próximos años, no así la soja. A nivel global se observa una caída en los stocks de ganado vacuno y una demanda creciente, lo que empuja los precios al alza, tanto en el mundo como en Argentina, de cara a 2026”, señala. Estas definiciones las comparte en los ciclos de charlas que brinda junto a deCampoaCampo, el mercado ganadero digital más grande del país.

En esa misma línea, Emilio Herz—CEO de deCampoaCampo— destaca el rol de la información y la tecnología en un escenario volátil: “Hoy los productores necesitan datos en tiempo real para tomar decisiones. Las herramientas digitales permiten planificar mejor, proyectar escenarios y capturar más rentabilidad”.
Las voces del campo
Desde distintos puntos del país, los productores describen realidades diversas, pero con diagnósticos que se repiten.
En el sudoeste bonaerense, Emiliano Burón, ingeniero agrónomo y productor de Coronel Pringles, sostiene que el principal desafío es producir con eficiencia en un contexto donde los costos —especialmente los alquileres medidos en kilos de carne— presionan cada vez más. “Van quedando productores que logran volumen o escala; competimos con la agricultura en el valor de los campos”, explica. Su sistema es 100% a pasto, con una inversión creciente en verdeos y pasturas que representa cerca del 30% de los costos, pero que se compensa con mejores rendimientos. La gestión basada en datos es parte de su estrategia: “Cuando aparece una herramienta que facilita el trabajo, la adoptamos”. Para Burón, la clave está en agregar valor a los índices productivos para mejorar la renta y el precio final.
Desde La Pampa, Susana Paredes, productora y técnica del INTA Guatraché, aporta la mirada de una empresa ganadera familiar atravesada por la falta de previsibilidad. “Necesitamos una visión clara a futuro; la sostenibilidad depende de eso”, afirma. Aun así, destaca que la calidad del manejo, la genética y el producto final representan hoy una oportunidad concreta para posicionarse mejor en el mercado interno. También subraya el impacto positivo de la digitalización: “Agiliza ventas, documentación y organización, aunque a veces cuesta incorporarla. El acompañamiento de las plataformas es clave”. Para Paredes, la ganadería es un proceso largo y complejo, que requiere tiempo, personal y conocimiento, algo que muchas veces no se dimensiona.
En Córdoba, Daniel Moresi, de la Explotación Agrícola Don Ernesto (General Cabrera), coincide en que la incertidumbre es el principal condicionante. “No saber qué va a pasar con los mercados internos y externos te limita cualquier planificación. Los costos de insumos y transporte pesan mucho, sobre todo en zonas alejadas”, señala. Si bien considera que el mercado interno funciona, advierte que las trabas externas pueden frenar inversiones. Sobre el consumo, observa una señal preocupante: “La baja del consumo per cápita se nota y no porque haya más sustitución por otras carnes, sino porque la gente consume menos”. Para pensar el futuro, Moresi apunta a una necesidad concreta: créditos blandos que permitan invertir y sostener la producción. “Lo que todos queremos es poder trabajar con estabilidad”, resume.
Un diagnóstico compartido
La llamada “otra voz del campo” coincide en varios puntos clave: caída del stock, márgenes ajustados, impacto climático y presión financiera. Frente a este escenario, los productores reclaman una mirada estructural y de largo plazo.
Entre las principales demandas aparecen la previsibilidad regulatoria, el acceso a financiamiento orientado a la inversión y la retención de vientres, la promoción de herramientas digitales que mejoren la planificación y la eficiencia, y políticas activas que frenen la caída del rodeo vacuno.
“Hay que dejar de pensar la ganadería como un negocio estático y empezar a gestionarla con estrategia, datos y tecnología”, resume el CEO de deCampoaCampo, quien remarca la importancia de escuchar a los productores y visibilizar sus necesidades.
La ganadería argentina, coinciden productores, técnicos y analistas, conserva un enorme potencial. Pero para que ese potencial se traduzca en crecimiento real, hace falta un insumo tan básico como escaso: estabilidad.
Sobre deCampoaCampo
deCampoaCampo es el único mercado ganadero digital que integra información, comercialización y gestión en una misma plataforma.

