El papa Francisco comenzó ayer una visita a Irak por tres días con un llamado al fin de la injerencia extranjera en el país, un pedido de protección de su perseguida minoría cristiana y una condena al fanatismo religioso, en un viaje sin precedentes en medio de la pandemia de coronavirus para promover la tolerancia y fraternidad entre el cristianismo y el islam.
En la jornada de hoy la reunión más importante fue en Nayaf con el líder espiritual de los chiíes de Irak, el gran ayatolá Ali Sistani, de 90 años, y gran influyente en el país.
La particularidad del papa Francisco es que sus viajes están dedicados a países donde los cristianos son minorías como Tailandia, Emiratos Árabes Unidos, Japón y Corea del Sur.
El sumo Pontifice se encuentra en la región de Ur de los Caldeos donde se cree que nació Abraham, considerado el padre de las tres principales religiones monoteístas del mundo, y es el hogar actual de una minoría cristiana que está al borde de la extinción debido, entre otras razones, a la persecución de grupos radicales como el autodenominado Estado Islámico.
El Pontífice fue recibido por el primer ministro iraquí, Mustafa al Kazemi, en el aeropuerto de Bagdad, ciudad donde empezó una visita que sigue de la capital a Mosul, Erbil, Najaf y Qaraqosh. La agenda del jefe de la Iglesia Católica incluye una misa en un estadio de fútbol y oraciones por las víctimas de la guerra en la plaza de la iglesia de Hosh al-Bieaa en Mosul, un sitio devastado por Daesh.
“La diversidad religiosa, cultural y étnica que ha sido uno de los distintivos de la sociedad iraquí durante milenios es un recurso precioso, no un obstáculo a eliminar. Irak está llamado hoy a mostrar a todos, especialmente en Medio Oriente, que la diversidad, en vez de dar origen a conflicto, debería conducir a una cooperación armoniosa de la vida en sociedad”, sostuvo el Papa en el discurso frente al presidente Barham Salih en el Palacio Presidencial de Bagdad y agregó la importancia para “que cesen los intereses particulares, esos intereses externos que son indiferentes a la población local”.
En su discurso animó al animar al país a una reconstrucción tras las últimas décadas en las que Irak sufrió “guerras, terrorismo y conflictos sectarios”. Francisco no mencionó a ningún país en particular, pero su visita de tres días llega en momentos en que Irak es centro de crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán.
Estados Unidos aún tiene 2.500 soldados desplegados en Irak. Irán posee una vasta red de influencia en Irak a través de partidos políticos y milicias leales a Teherán.
La llegada del Papa se da en medio de la fuerte suba de casos de coronavirus en Irak, con toque de queda vigente durante viernes, sábado y domingo y la prohibición del desplazamiento entre las regiones del país.
En ese marco, Salih agradeció al Papa su visita “más allá de la situación difícil que está atravesando el mundo con el coronavirus y que nuestro país sangrante ha aguantado”.
Cristianos en Irak
Los cristianos eran 1,5 millones de los 25 millones de iraquíes en 2003, cuando la intervención de Estados Unidos derrocó a Sadam Husein. Hoy las estimaciones son de entre 150.000 y 300.000 sobre un total de 40 millones de ciudadanos.
De cara a la “reconstrucción” del país, el Papa resaltó especialmente el rol de los jóvenes, a quienes llamó “la esperanza del futuro”, en un país en el que el 57% de la población es menor de 25 años, y uno de cada tres está desempleado.
Francisco visitó luego la Catedral de Nuestra Señora de la Salvación de Bagdad, blanco en 2010 de un atentado del grupo Estado Islámico (EI) que provocó más de 50 víctimas.

El Papa aprovechó la presencia de obispos y sacerdotes locales para hacer un nuevo llamado a separar la religión de la violencia extremista.
“La incitación a la guerra, las actitudes de odio, la violencia y el derramamiento de sangre son incompatibles con las enseñanzas religiosas”, planteó el Papa en esa dirección, tras recordar a los 48 fieles cristianos asesinados en el ataque, que están en proceso de ser declarados “mártires” por el Vaticano.
Tanto el Papa como toda la delegación, incluidos los 74 periodistas que lo acompañan, fueron vacunados en el Vaticano antes del viaje.

