A unos 40 kilómetros de la ciudad de Las Flores, en la provincia de Buenos Aires, Pardo se prepara para celebrar sus 150 años. Con alrededor de 200 habitantes y apenas seis cuadras, el pequeño paraje rural conserva una identidad marcada por la tranquilidad, la vida comunitaria y una historia cultural que lo vincula con algunos de los nombres más importantes de la literatura argentina.

El aniversario tendrá su gran celebración durante el 19 y 20 de septiembre, con actividades en la Plazoleta Pablo Lamaro. Habrá música, desfile, feria, juegos campestres y propuestas vinculadas con la tradición rural.
Las calles de Pardo fueron escenario de los encuentros entre Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo y Jorge Luis Borges, una amistad que dio lugar a algunas de las colaboraciones más reconocidas de la literatura argentina. Los tres pasaron temporadas en la estancia Rincón Viejo, vinculada a la familia Bioy.
La historia del pueblo está atravesada por aquellas visitas. Entre 1940 y 1950, Borges y Bioy Casares frecuentaban Pardo y el almacén de ramos generales Lo de Lámaro, frente a la estación, era uno de los pocos lugares que contaba con teléfono para comunicarse con Buenos Aires. Las esperas para concretar las llamadas se transformaban en largas conversaciones entre los escritores.
Un pueblo ligado a la literatura argentina
Adolfo Bioy Casares mantuvo durante toda su vida un vínculo especial con Pardo. Parte de su infancia transcurrió en la estancia Rincón Viejo, donde también compartió veranos con Silvina Ocampo y Jorge Luis Borges. El propio escritor definió a Pardo como “el mejor pueblo del mundo”.
En ese entorno rural, Bioy Casares comenzó a trabajar en La invención de Morel, una de sus obras más reconocidas, publicada en 1940. Pardo funcionó además como escenario de encuentros creativos entre Bioy y Borges, que escribieron juntos bajo los seudónimos Honorio Bustos Domecq y Benito Suárez Lynch.
La relación con la literatura no terminó allí. Al universo de Pardo también estuvo ligado el entorno del Grupo Sur, del que formaron parte figuras como Victoria Ocampo, Alejandra Pizarnik, Eduardo Mallea, Ernesto Sábato, Manuel Mujica Lainez y Oliverio Girondo.
Hoy, parte de esa historia puede recorrerse en la antigua Estación del Ferrocarril del Sud, donde funciona el Museo y Biblioteca Adolfo Bioy Casares.
El espacio conserva fotografías, libros, documentos y distintos objetos vinculados con el escritor y con la historia ferroviaria de Pardo. La estación, además, funciona como punto de encuentro para conocer el pueblo y recorrer su patrimonio. La profesora Nora Genaro reconstruyó buena parte de la memoria del pueblo y del Club Unión Deportiva de Pardo, creado en 1920. También fue quien impulsó los nombres de árboles para las seis calles de la localidad: Los Pinos, Las Acacias, Los Plátanos, Las Palmeras y Los Cipreses.
Más allá de su vínculo con la literatura, Pardo se convirtió en una propuesta de turismo rural y comunitario, con caminatas, alojamientos, gastronomía y emprendimientos que permiten conocer la vida cotidiana de este pequeño pueblo bonaerense.


“Es un pueblito muy chiquito donde la gente de los campos de alrededor se reúne”, cuenta un vecino, quien destaca la tranquilidad, la seguridad y un modo de vida en el que todavía existen prácticas como el fiado, las bicicletas sin candado y las puertas abiertas.
Así, Pardo llega a sus 150 años preservando una identidad singular: la de un pequeño pueblo rural bonaerense que, entre estaciones de tren, calles de tierra, vida comunitaria y paisajes de campo, fue también escenario de una de las amistades más célebres de la literatura argentina.






