“El panorama que nos rodeaba estaba constituido de cerros escabrosos cubierto de eterno hielo, témpanos formidables y enormes ventisqueros. El viento era muy violento, soplaba del S.E. el mar rugía furioso y la espuma de las rompientes llegaba a nuestra choza. Una hora más tarde las olas chocaban contra las paredes de la casita. ¡Adiós muralla y defensa que con tanto ahínco habíamos contraído! Todo se lo llevaba el mar y sus olas monstruosas ponían en peligro nuestra vivienda.
Marchamos hacia la costa de la bahía Uruguay en busca de refugio llevando dos carpas que no fue posible ni desatar a causa del viento. En vista de ese contratiempo resolvimos guarecernos en la estrecha garita magnética”.
Así fueron los días iniciales según el relato en primera persona de Luciano Honorio Valette, especializado en Hidrobiología, Zoología y Meteorología, quien integró la primera comisión argentina para hacerse cargo del Observatorio Meteorológico y Magnético de la isla Laurie, también llamada Lauría, en las Orcadas del Sur, en 1904.


Designado por el Ministerio de Agricultura el grupo de trabajo estuvo compuesto por el joven de 18 años Hugo Acuña, de la División Ganadería; y de la oficina meteorológica argentina Edgar Smula. Además conocedores del lugar Roberto C. Mossman y William Smith (jefe y cocinero de la expedición escocesa).
Este viaje fue una muestra del sentido del deber, el amor a la vocación y a la Patria, primando la importancia del trabajo personal y del grupo para poder subsistir y cumplir la tarea asignada para la Comision. Muchas vicisitudes tuvieron que vivir estos cinco hombres, pero este viaje fue muy importante marcando un hito para la comunidad científica argentina.
Argentina tomó posesión de la isla el 22 de febrero de 1904. Además del observatorio meteorológico, también se instaló una oficina de postal. Fue Acuña quién izó por primera vez la bandera nacional. Desde entonces la base ha estado en operación permanente, siendo la única base de un país en la Antártida durante 40 años. Debido a estos hechos, mediante la Ley Nacional 20.827 de 1974, se instituyó como el 22 de febrero el Día de la Antártica Argentina.
“A pesar del frío, vestimos traje de paseo, como en Buenos Aires. Hay 5 grados bajo cero. La bandera asciende en el modesto mástil y comienza a flamear. Ya tenemos listo el pabellón azul y blanco. Ya estamos en nuestra propia casa”, describió ese momento único Acuña en su diario.
La tarea de este escueto grupo no fue fácil por las inclemencias de la región, Valette detalló que luego de las tormentas, “el tiempo cambio porque llegaba a la isla el packice y el mar perdería su potencia debido a la inmensa capa de hielo que lo cubrió”. Al llegar el invierno los días fueron cortos, y todo era “desolado, blanco, frío y silencioso”.

Durante la temporada fría la vida animal es pobre o casi nula. “Los pingüines constituyen realmente la vida alegre de las regiones antárticas. Los primeros individuos que aparecen en el mes de octubre de vuelta a sus dominios estivales, vienen en marcha por el suelo glacial con las plumas de la cola amalgamadas con el hielo. Y vuelven alegres, llenos de esperanza y entusiasmo con el bel canto que la Provicencia les legó”, describió Valette.

El naturista detalla la presencia de pinnipedos, y como las focas trabajan moviendo la cabeza lateralmente para perforar el hielo con la boca y así poder respirar.
Entre la fauna presente en la isla se encuentra los pingüinos Barbijo y Adelia. Dentro de las aves voladoras se encuentran skúas, gaviota cocinera, petreles de las tormentas, petrel de las nieves y petrel damero. Entre los mamíferos los elefantes marinos, lobo fino antártico, focas de Weddell y cangrejeras.

A Valette se le deben las primeras observaciones zoológicas (aves e invertebrados) de aquella zona, y el primer croquis de las bahías Scotia y Uruguay. Sus registros y dibujos fueron desde esa época un material valioso para el estudio científico.
Pequeñas acciones, grandes objetivos fueron las de los cinco hombres que empezaron una historia que se repite año tras años desde 1904.

Base Orcadas
Fue la primera base antártica argentina y constituye la presencia humana de carácter estable más antigua del continente. Se encuentra situada en el Istmo de Ibarguren, entre las Bahías de Scotia y la Uruguay, de la Isla Laurie, Orcadas del Sur. Fue inaugurada el 1 de abril de 1903 por la Expedición Antártica Escocesa de William Speirs Bruce y el 22 de febrero de 1904 pasó a manos argentinas.
El traspaso ya había sido oficializado por Decreto del Poder Ejecutivo N°3073 del 2 de enero de 1904, que aceptó las instalaciones ofrecidas y las entregó a la Oficina Meteorológica Argentina, dependiente del Ministerio de Agricultura.

Al observatorio original de piedra construido en 1903 por la expedición escocesa y conocido como la casa Omond, se sumó en 1905 una moderna casa principal que hoy cumple función de museo bajo el nombre de Casa Moneta. Su denominación honra al técnico del Servicio Meteorológico y luego diplomático argentino, José Manuel Moneta, que invernó cuatro años allí, experiencia que plasmó en su excelente libro Cuatro años en las Orcadas del Sur y que también quedó registrada en el documental “Entre los hielos de las Islas Orcadas” que rodó en 1927.
Gran parte de las investigaciones científicas se llevan a cabo en el Laboratorio Antártico Mutidisciplinario Orcadas (LABORC). La temperatura media anual es de -4,9ºC, con 1,3ºC en verano y -8,9ºC en invierno.

