Con una amplia convocatoria, el jueves 16 de abril se realizó la segunda edición de Pulverización Inteligente, un encuentro que volvió a instalar en agenda la necesidad de profesionalizar las aplicaciones en el agro como condición clave para mejorar la eficiencia y reducir costos.
La jornada fue organizada por la Fundación Benet, la Mesa de BPA de Entre Ríos y el Ministerio de Desarrollo Económico de Entre Ríos, y reunió a más de 400 asistentes entre asesores técnicos, ingenieros agrónomos, aeroaplicadores, operarios de maquinaria y especialistas en drones, junto a representantes de organismos como el SENASA, el INTA y la FAO. Este nivel de participación consolidó el evento como un espacio estratégico de articulación técnica e institucional.
Uno de los consensos centrales fue que mejorar la calidad de aplicación no depende únicamente de la tecnología disponible, sino de incorporar capacitación continua, herramientas de gestión y una mirada integral del sistema productivo.
“El desafío es capacitarse, generar y compartir conocimiento”, sostuvo Ezequiel Baus, al resumir el eje conceptual del encuentro.
En esa línea, se presentó Agroformar, una plataforma de capacitación abierta y gratuita orientada a mejorar las prácticas de aplicación, y se anunció la creación del primer Centro de Instrucción de Drones en Urdinarrain, una iniciativa que ampliará la formación técnica para operarios y empresas.
Sin embargo, el dato más contundente surgió del informe del Programa de Mejora del Grupo APC: el 70% de los aplicadores no mide sus pulverizaciones. Esta falta de medición explica gran parte de las fallas en la calidad, ya que impide ajustar variables críticas como cobertura, tamaño de gota y volumen aplicado.
El informe también evidenció que, si bien el sector cuenta con tecnología avanzada, esta se encuentra subutilizada. Las diferencias en los niveles de calidad entre aplicaciones terrestres, aéreas y con drones impactan directamente en la eficiencia productiva y en los costos, incluso en tratamientos clave como herbicidas, fungicidas e insecticidas.
Frente a este escenario, desde el Programa APC se propuso un enfoque basado en tres pilares: conocimiento técnico, estado del equipo y medición a campo. Herramientas como las tarjetas hidrosensibles permiten evaluar en tiempo real la calidad de cada aplicación y tomar decisiones basadas en datos concretos.
La conclusión de la jornada fue clara: no existe una solución única. La mejora en las aplicaciones surge de una estrategia inteligente que combine tecnología, capacitación y objetivos productivos definidos. Cuando estos factores se alinean, los niveles de calidad pueden acercarse al 100%, demostrando que el principal desafío no es el acceso a la tecnología, sino su correcta utilización.

