La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán comenzó el 28 de febrero con una ofensiva aérea conjunta contra objetivos estratégicos en territorio iraní. La operación marcó el quiebre definitivo de una tensión que llevaba meses acumulándose en Medio Oriente y derivó en un conflicto abierto con consecuencias políticas, militares y humanitarias.
Los bombardeos alcanzaron Teherán y otras ciudades clave como Tabriz, Qom, Isfahán, Kermanshah y Karaj. Según reportes oficiales y agencias internacionales, el saldo preliminar en todo el país asciende a al menos 201 muertos —más de 40 de ellos menores de edad— y 747 heridos.
El ataque militar y la tragedia en Hormozgán
La ofensiva tuvo un impacto político inmediato: durante los ataques murió el líder supremo iraní, Ali Jameneí, en el poder desde 1989. También fallecieron el secretario del Consejo de Defensa, Ali Shamkhani, y el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Pakpour.
Pero el episodio que generó mayor conmoción internacional fue la explosión en una escuela primaria femenina en la provincia de Hormozgán, en el sur del país. El ataque ocurrió en la ciudad de Minab y, según la agencia semioficial Tasnim, dejó al menos 153 muertos y 95 heridos.

El fiscal local Ebrahim Taheri afirmó que la mayoría de las víctimas eran exalumnas, aunque entre los fallecidos también había docentes, personal escolar y padres. Funcionarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en Ginebra confirmaron la movilización de equipos de rescate, mientras que autoridades iraníes señalaron que la escuela fue alcanzada por tres misiles.
El gobierno iraní responsabilizó a Estados Unidos por el ataque, aunque ni Washington ni Israel confirmaron operaciones específicas en esa zona. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, calificó el hecho como un “acto bárbaro” y “otra página negra en el historial de crímenes cometidos por los agresores”.
Tras la ofensiva inicial, Irán respondió con misiles y drones contra bases israelíes y objetivos estadounidenses en la región. Durante el 1 de marzo, proyectiles iraníes impactaron en zonas cercanas a Jerusalén, y contra varias naciones de la región en las que Estados Unidos tiene intereses militares o que son aliados del mismo.
“Todos los territorios ocupados y las bases criminales de Estados Unidos en la región han sido alcanzados por los potentes impactos de los misiles iraníes. Esta operación continuará sin descanso hasta que el enemigo sea derrotado de forma decisiva”, dijo la Guardia Revolucionaria de Irán. En total han sido objeto de agresiones iraníes Qatar, Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Irak, además de Israel.
Desde Washington, el presidente Donald Trump aseguró que las operaciones avanzaban “más rápido de lo planeado” y sostuvo que decenas de altos dirigentes iraníes murieron en la ofensiva inicial. En Teherán, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Larijani, advirtió que la muerte de Jameneí “no quedará sin respuesta” y afirmó que las Fuerzas Armadas iraníes actuarán “con mayor fuerza que antes”.
Lo que comenzó como una operación militar focalizada derivó en una guerra abierta con impacto regional, riesgo de expansión y consecuencias estratégicas para Medio Oriente y el mercado energético global.
Con información de Reuters, Agencia Sputink, BBC, NA, ANSA.

