¿Qué misterios se esconden en las profundidades oscuras del mar argentino? ¿Qué maravillas pueden capturar la atención de miles de personas en pleno siglo XXI, desde un cañón submarino apenas explorado? La expedición “Underwater Oases of Mar Del Plata Canyon: Talud Continental IV”, financiada por el Schmidt Ocean Institute –en colaboración con el CONICET-, parece empezar a contestar esta pregunta y generar nuevos interrogantes científicos con su transmisión en vivo: el streaming acumula cientos de miles de espectadores a lo largo de las emisiones. Y en eso ayuda, claro, las estrellas de mar, esponjas carnívoras, erizos y anémonas, protagonistas inesperados de la iniciativa.
Las repercusiones en medios, canales de streaming, redes sociales y hasta en forma de memes sorprendieron gratamente a la treintena de científicos y científicas a bordo del buque de investigación Falkor (too). Equipado con tecnología oceanográfica de última generación, la nave recorre el Cañón Submarino Mar del Plata, una zona de alta biodiversidad y escasa exploración, según los expertos.

“Este trabajo es una continuación de lo que venimos haciendo hace rato. A bordo hay, para dar una idea del panorama, tres generaciones de biólogos distintas- cuenta desde el mismo buque Diego Urteaga, biólogo e investigador del CONICET, sorprendido y feliz con las repercusiones-. Habíamos estado en los taludes 1, 2 y 3, allá por 2012 y 2013. Y si bien fueron experiencias muy interesantes y marcaron un antes y un después en las carreras de muchos investigadores, habían pasado totalmente desapercibidas para el público”.
El producto de una fuerte inversión estatal
Doctor en Ciencias Biológicas, Urteaga destaca que la campaña, más allá del financiamiento internacional, tiene una inversión muy grande de parte del Estado. “A bordo del buque hay investigadores del CONICET del nivel superior, becarios doctorales… Esta instancia no es algo instantáneo, ni de casualidad, no es una foto. Es la consecuencia de un largo trabajo, de mucha inversión, incluyendo la formación de los científicos involucrados. Y esta campaña está dando, realmente, unos frutos impresionantes”, resume, orgulloso, el investigador del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN).

Los resultados, más allá de las repercusiones en públicos no especializados, incluyen también aspectos novedosos desde lo científico. Se encontraron especies que podrían ser nuevas para la ciencia. También se tomaron registro de otras ya conocidas, de las que se está obteniendo nueva información. La vida a bordo del buque, eso sí, es intensa: se dividen en dos equipos que trabajan, de forma alternada, unas 12 horas de corrido.
Una cámara sin fin
Una de las claves radica en el salto tecnológico y científico: es la primera vez que en aguas argentinas del Atlántico sudoccidental se emplea el vehículo operado remotamente (ROV) “SuBastian”. Un vehículo operado remotamente, explican, capaz de capturar imágenes submarinas en ultra alta definición y recolectar muestras sin alterar el entorno, en profundidades de hasta 3900 metros.
El vehículo, cuenta el científico, tiene el tamaño aproximado de un auto, puede bajar hasta 4500 metros, estar estacionado en el fondo del lecho marino y desplazase a una velocidad de 0,5 metros por segundo. Controlado desde la superficie, la enorme ventaja de este robot es que tiene múltiples cámaras. Las más importantes son las dos principales, una que transmite en 4K, que es la que transmite el streaming, y otra por encima que puede bascular verticalmente.

“El nombre tiene referencias a la obra que después se hizo película, La historian sin fin. Allí, un nene, llamado Sebastián, es trasladado a través de un libro a un mundo de fantasía, que empieza a destruirse por el avance de lo que llaman ‘la nada’. Y esto pasa por el desinterés de los niños en la lectura fantástica. El nombre que se le dio al vehículo, justamente, es “Su”, por submarino, y “Bastian”, por el personaje de la obra”, cierra Urteaga.

