Hace apenas un año y medio apareció en nuestras vidas el covid-19, un fenómeno internacional pero a la vez tan particular que nos afectó directamente. Nuestras miradas se centraron en los seres queridos pero también en las últimas novedades en el combate de esta enfermedad. El conocimiento de lo que esta pasando se difunde en el aquí y ahora por todo el mundo.
Al igual que la pandemia afectó a diferentes países el año pasado en distintos momentos, las vacunas y los operativos de inoculación también fueron llegando de manera escalonada. La desinformación y la comunicación errónea fueron un problema desde que tenemos conocimiento de la enfermedad porque no son sólo ruido, sino que provocan un efecto.
La disposición a aceptar una vacuna no es estática; responde en gran medida a la información, así como al estado de la pandemia y al riesgo percibido de contraer la enfermedad. La desinformación impacta de manera diferente a los grupos sociodemográficos y reduce la intención de aceptar las vacunas.
Desde el comienzo del año pasado el 40% de las publicaciones en redes sociales sobre covid-19 surgieron de fuentes poco confiables y el 42% de los tuits relacionados con el coronavirus fueron producidos por bots. En marzo del 2019 cuando se declaró la pandemia, 40 millones de publicaciones que contenían información falsa fueron detectadas y marcadas por Facebook. Lo que significa que millones de personas estuvieron expuestas a contenidos engañosos o inconsistentes.
Sin embargo según el informe de Digital News Report del Instituto Reuters de la Universidad de Oxford, que será presentado en castellano el 6 de julio, aumentó el interés de la ciudadanía en buscar fuentes de información confiables.
Características de los mensajes falsos y erróneos
Para comprender mejor el fenómeno comunicacional la periodista especializada en salud pública, y coordinadora en la capacitación organizada para periodistas por Knight Center para el Periodismo en las Américas, MarynMcKenna, subrayó que se descubrió que “la desinformación era un ataque. Las historias falsas, que siempre han sido contadas por personas antivacunas, se han combinado con los rumores y afirmaciones salvajes que circularon sobre el coronavirus para crear una infodemia aún más intensa sobre las vacunas”.
Al respecto, la reportera de tecnología del New York Times, Davey Alba, que cubre la desinformación en línea explicó que “la información errónea es una especie de pedazos de información falsa que se difunden sin la intención, sin intencionalidad ni conocimiento de que se trata de información falsa”. “Es decir, las personas son engañadas, básicamente, y están difundiendo estas mentiras en línea”, explicó Alba y agregó que la desinformación es cuando “se puede atribuir intencionalidad a la difusión de piezas de información”.
Por mensajes de WhatsApp, redes sociales o columnas de opinión hemos recibido algún material sobre que el uso de mascarilla provoca que los niveles de dióxido de carbono aumenten en el cuerpo; contener la respiración durante 10 segundos prueba que no se tiene covid; beber sorbos de agua caliente elimina el virus de la garganta; y afirmaciones como que los remedios herbales y la hidroxicloroquina curan el coronavirus o que dejan a los hombres estériles. Respecto a las vacunas, que se basan en ARN mensajero y reescriben el ADN o que insertan un microchip en el cuerpo…
Del Grupo de Salud y Desarrollo del VIH del Programa de las Naciones Unidas, Ludo Bok, aclaró que la desinformación “se trata de información falsa deliberadamente diseñada con una intención maliciosa o para servir a una agenda personal, política o económica. Como lo que vemos ahora es que el movimiento antivacunas está tratando activamente de difundir información falsa”.
“Si hay una continuación de información errónea y desinformación, existe un riesgo real de que las comunidades vulnerables se queden atrás en los esfuerzos de vacunación y de que el virus continúe prosperando”, sostuvo Bok.
Principales conclusiones del Digital News Report
El Instituto Reuters recordó que en Argentina el primer día de cuarentena los principales periódicos del país hicieron algo inusual: dejaron a un lado su partidismo y acordaron publicar la misma portada. Con un fondo azul, el título decía: “Al virus lo frenamos entre todos. Viralicemos la responsabilidad”. La historia creció: en los seis meses siguientes, seis de los diez artículos más populares en los sitios de La Nación, Clarín, Infobae y Página/12 fueron sobre la pandemia (Zunino y Arcangeletti Yacante, 2020). Pero a medida que subía el número de muertes y se hacían más impopulares las restricciones (incluyendo el cierre de escuelas), la cobertura volvió a polarizarse. En general, los medios retornaron a la normalidad, reflejando sus posturas habituales a favor o en contra del Gobierno. Clarín, La Nación e Infobae adoptaron un tono más negativo y Página/12 mantuvo su alineamiento con el Gobierno. Los canales informativos de televisión por cable hicieron lo mismo: TN y La Nación + tendieron a oponerse al presidente Alberto Fernández y sus políticas, mientras que C5N e IP generalmente lo apoyaron.
Para comprender cómo accedemos y calificamos las noticias y la información sobre covid-19 Reuters realizó una encuesta en la que determinó que en casi todos los países las organizaciones de noticias fueron la fuente de información más utilizada, aunque con niveles bajos de confianza en los países iberoamericanos, como Argentina con un 36%, España 36%, Brasil 54% y Chile el 36%.
Otro dato es que se mantiene fuerte el uso de redes sociales para consumir noticias y que las aplicaciones de mensajería como WhatsApp y Telegram se han vuelto especialmente populares en Latinoamérica, lo cual ha generado más inquietud en torno a la propagación de desinformación sobre el coronavirus. La preocupación global por la información falsa y engañosa ha crecido ligeramente este año y va desde un 82% en Brasil a un 37% en Alemania. Los usuarios de redes sociales son más propensos a decir que han estado expuestos a desinformación sobre el coronavirus que quienes no son usuarios.

Si bien muchas personas permanecen muy conectadas con la información, “detectamos indicios de que otras se alejan de los medios y en ciertos casos directamente evitan las noticias. Los consumidores han adoptado muy deprisa nuevos comportamientos digitales durante los confinamientos: esto abre nuevas oportunidades y al mismo tiempo señala el próximo conjunto de desafíos”, explicaron en el Digital News Report.
En Argentina, el 62% de la población ubicó en primer lugar a las organizaciones de noticias como fuente principal para informarse sobre la enfermedad. Solo el 20% de los encuestados lo hace a través de los medios impresos. Esta cifra ha caído 25 puntos desde 2017. En el país el 15% pagan por noticias online, el 29% escuchan podcast y el 45% comparten noticias.
En Brasil, en cambio, primero figuran los científicos, médicos y expertos en salud como las principales fuentes de información sobre la pandemia. Solo un 33% de brasileños dijo que prefiere utilizar a los medios, ubicándolos en cuarto lugar, detrás de las organizaciones sanitarias mundiales y nacionales de salud.
El covid-19 planteó un grave desafío para la comunidad internacional, las cadenas de suministro, la cooperación política y la transparencia. Esta enfermedad nos mostró que las pandemias pueden ocurrir y la información utilizada responsablemente puede ser un buen aliado para evitar la propagación.

