En un encuentro virtual con la prensa Fertilizar Asociación Civil (AC) analizó el contexto actual de la fertilización de este cultivo y las oportunidades para maximizar rendimientos, logrando más eficiencia y ganando en productividad.
Al respecto, el coordinador técnico de Fertilizar, Andrés Grasso, presentó información de los ensayos de la entidad sobre los efectos de las estrategias de nutrición en soja sobre el rendimiento, en el contexto de un deterioro en la disponibilidad de nutrientes en el suelo en casi toda la región agrícola de Argentina.

“En 7 campañas, la disponibilidad de fósforo (P) cayó de 23 partes por millón (ppm) a 16 ppm en 2018. El deterioro de la calidad de los suelos por pérdida de nutrientes nos obliga a ser más precisos con el diagnóstico y posterior manejo de nutrientes, ya que los cultivos están desarrollando en ambientes más limitados”, remarcó Grasso.
En el caso de la soja, a nivel foliar “casi 5 de cada 10 plantas manifiestan niveles limitantes de fósforo; en el caso de azufre, 3 presentan deficientes a nivel de sus tejidos foliares. Incipientemente también aparece la deficiencia de potasio, especialmente en el Litoral”, apuntó el investigador.
El nitrógeno y el zinc también estarían afectando los rendimientos, aunque en el primer caso es la adecuada e indispensable inoculación la que nos proveerá el nutriente.
“El suelo es un sistema dinámico que se deteriora y afecta directamente la producción de los cultivos”, sostuvo Grasso. Y advirtió que “el rendimiento promedio de soja a nivel país está estancado desde hace años y uno de los factores que mejor explica esta situación es la provisión deficiente y desbalanceada de nutrientes”.

Atento a esta situación, la asociación cuenta con una red de ensayos en 8 localidades con rotaciones que incluyen soja y evalúan la situación de las diferentes estrategias de nutrición a escala y en campo de productor. Allí se contraponen: un lote testigo, otro con el manejo habitual del productor y 2 más, que, considerando como punto de partida el diagnóstico de suelo, uno busca lograr rendimientos promedios y el otro busca explorar altos rendimientos.
“Después de 4 campañas vimos que el productor, con su manejo actual solamente logra mejorar en un 7% al tratamiento testigo, esto es muy poco respecto a lo que podríamos lograr. Pero si comparamos ese productor con otro que sí realiza análisis de suelos y que apunta a producir más rendimiento y contempla aplicación de P y S y hasta micronutrientes, la diferencia es de un 15% de rendimiento, que en kilos son unos 630 en promedio. Esto es habernos quedado a mitad de camino, esto es haber perdido la oportunidad de ser mejores en rendimiento y en sustentabilidad”, explicó.

El coordinador técnico compartió algunos resultados de la Red del grupo de investigadores de la Universidad Católica Argentina (UCA) y la Red Ridzo CREA Zona Oeste, que también reflejan las evidencias generales del aporte de las diferentes estrategias de fertilización a la producción de soja, y consideró que “Los resultados son generalizados y contundentes, de esto ya no hay dudas”.
En cuanto al análisis económico, el ingeniero agrónomo se enfocó en la pérdida de rentabilidad: “En el primer escenario de mejora (hacer diagnóstico de suelos y fertilizar en busca del rendimiento objetivo promedio), se están perdiendo alrededor de entre 45 dólares por hectárea (U$D/ha) de ganancia y cuando se apunta a rendimientos altos, la diferencia es cercana a los 80 U$D/ha”. Además de generar rendimientos y aumentos de rentabilidad, las correcciones en la estrategia de fertilización redundan en la mejora del suelo, “El fósforo se está recuperando en 1 a 1,3 ppm disponible. Logramos además balances positivos del nutriente que recuperan y mejoran el ambiente”.
“Reforzando los diagnósticos, entendiendo cómo funcionan los sistemas y pensando en mejorar los rendimientos, tenemos que rever la forma de decidir la dosis de fertilizantes en soja”, subrayó.
En el encuentro, los directivos se refirieron a los paquetes nutricionales y formas de aplicación. En cuanto al nitrógeno, se destacó que es nutriente fundamental, se provee a través de la inoculación de la semilla con las bacterias capaces de capturar el N atmosférico y ponerlo disponible al cultivo, “es sin dudas la mejor fuente de N y la más eficiente y económica”.
Respecto del fósforo, se sugiere realizar un análisis de suelo para conocer la disponibilidad y hacer aplicaciones divididas para dosis altas. Las dosis de reposición no son factibles aplicarlas en la línea de siembra y es en este punto donde cobra mucha relevancia el momento y la forma de aplicación. Se destacó que los productores están mejorando este manejo y aplican dosis anticipadas de P al voleo o bien modifican la sembradora para que parte del fertilizante caiga en el entre surco de la línea de siembra.
En una buena estrategia de fertilización no pueden faltar entre 10 a 12 kg/ha de azufre y no subestimar ni limitar la disponibilidad de este nutriente que venga en las mezclas. Hay que asegurar la disponibilidad de S. Respecto a los micronutrientes, para el zinc, el cuarto nutriente, se sugiere realizar un análisis de suelo y para el boro, un diagnóstico por ambientes. Para la aplicación de potasio, se recomienda realizar un análisis de suelo y conocer la situación de cada zona.

