Estrenada este jueves 25 de septiembre en Netflix, La Casa Guinness nos transporta a la Irlanda del siglo XIX para narrar la historia de una de las dinastías más poderosas y duraderas de Europa: la familia Guinness. Con la cerveza como trasfondo y las intrigas como motor, la serie propone un relato épico sobre herencia, poder y pertenencia. Como advierte uno de los personajes: “No podés escapar de tu apellido”.
La trama comienza en 1868, tras la muerte de Sir Benjamin Guinness, nieto del fundador Arthur Guinness y artífice de la expansión internacional de la cervecería St. James’s Gate. Su fallecimiento no solo deja un imperio cervecero en pie, sino también un testamento que sacude a sus cuatro herederos: Arthur, Edward, Anne y Ben.
Lejos de unirlos, la herencia desata pasiones y traiciones. Los dos hermanos mayores deben asumir la gestión de la cervecería, o perderlo todo; a Anne, la única mujer, apenas le corresponde algo, bajo la idea de que su vida ya estaba “resuelta” por estar casada; mientras que al más joven le aseguran apenas una renta mensual para frenar sus excesos. Un reparto que enciende disputas y abre un abanico de conflictos íntimos y sociales.
Creada por Steven Knight —responsable del fenómeno Peaky Blinders— la serie combina las tensiones familiares con los dilemas políticos y religiosos de la época. Entre protestantes y católicos enfrentados, independencia irlandesa en ciernes y una ciudad que observa a los Guinness con recelo, la producción mezcla drama histórico, romance y secretos. Uno de los hermanos vive su sexualidad en un contexto en que eso implicaba prisión; otro se enamora de una mujer de clase baja, activista de la resistencia.
Más que la construcción del imperio cervecero, La Casa Guinness pone el foco en cómo los herederos estuvieron a punto de destruirlo. Sin embargo, también muestra cómo Edward Guinness, interpretado por Louis Partridge, terminaría expandiendo la marca hasta convertirla en símbolo de Irlanda y en un fenómeno global: durante su gestión, la producción creció de 565.000 a 907.000 barriles y en 1886 llevó la empresa a la Bolsa de Londres, transformándose en el hombre más rico del país.
Con una cuidada ambientación en Dublín y Nueva York del siglo XIX, la serie no solo retrata una disputa familiar, sino también un tiempo convulsionado en el que la política, la religión y los negocios iban de la mano. La Casa Guinness es de esas ficciones que, como una buena pinta, se disfrutan lentamente: espuma de intriga, cuerpo de historia y un dejo amargo de poder que queda en la boca del espectador.


