La muestra del fotógrafo Rubén Tavernise retrata con sensibilidad las marchas de jubilados y construye un relato íntimo donde las miradas reemplazan al impacto.
El fotógrafo Rubén Tavernise construye una mirada cercana sobre las marchas de jubilados, donde los rostros desplazan el impacto inmediato y la sensibilidad se vuelve protagonista. Con retratos en blanco y negro presenta una realidad que interpela a quienes visitan la exposición, que fue presentada en el Sindicato de Trabajadores Municipales de Lanús.
Además de su trabajo autoral, Tavernise se desempeña como fotógrafo de la Municipalidad de Lanús, un rol desde el cual también construye su vínculo cotidiano con el territorio y sus protagonistas. Esa experiencia atraviesa su mirada y se refleja en la cercanía con la que aborda cada escena.
En medio del ruido, de las consignas y de la tensión que atraviesan las marchas, el fotógrafo encontró la historia y el sentimiento que transmiten cada una de las miradas que retrató.
Las imágenes evitan el golpe bajo, pero no esquivan la emoción. Hay rostros cubiertos, miradas cansadas, gestos de dolor. También hay dignidad, persistencia y una presencia que incomoda.
Su cámara no persigue la escena general ni la espectacularidad: se detiene en rostros, gestos, ojos que dicen lo que muchas veces no aparece en el discurso público.

La serie, realizada íntegramente en blanco y negro, marca un punto de inflexión en su recorrido. “En color no tenía la misma fuerza”, explica.
Su trabajo se intensificó a partir del caso de Pablo Grillo, un hecho que lo atravesó profundamente y que funcionó como disparador. Desde entonces, las marchas dejaron de ser solo un espacio de registro para convertirse en un territorio de búsqueda: ahí estaban ellos, los jubilados, cada miércoles, sosteniendo una presencia constante, silenciosa y cargada de sentido.
El resultado es una serie en la que predominan los retratos: un 80% de las imágenes están centradas en las personas. No hay escenas de impacto inmediato ni espectacularidad buscada.
“Sería muy fácil sacar a la policía tirando gas. Pero yo preferí que los ojos de los abuelos hablen”, explica.
En esa decisión estética hay también una postura. El blanco y negro no es solo un recurso visual: es una forma de depurar lo accesorio para quedarse con lo esencial. La expresión, la piel, la historia contenida en una mirada. “Busco retratos, caras que me digan algo. Ese es mi laburo”, cuenta. A veces pide permiso, otras veces no. A veces la foto aparece antes de ser pensada.
Durante meses, Tavernise asistió a las marchas. Observó, caminó, esperó. Y, sobre todo, sintió. “Me topé con todas las tristezas, con todos los sufrimientos… y también con mis propias tristezas”, reconoce. De ese cruce entre lo personal y lo colectivo nace la muestra.
Una de esas imágenes es la de un hombre de 90 años que asiste todos los miércoles a las movilizaciones. “Me dijo: ‘¿Me sacás una foto? Cumplo 90 años’”. En ese gesto simple se condensa todo: la dignidad, la persistencia y también la necesidad de ser visto.

El proceso de edición no fue neutral. “Lloré mucho mientras editaba. Es imposible no conmoverse”, reconoce. Editar ese material implicó volver a atravesar cada escena, revivir cada encuentro. “La sensibilidad al palo”, define.
En varias fotos, los rostros aparecen parcialmente cubiertos, pero incluso ahí —o especialmente ahí— la expresión se vuelve más potente.
Para Tavernise, la fotografía documental es una forma de decir lo que no logra poner en palabras. “Yo hablo con la foto”, afirma. Y en ese lenguaje construye un relato donde la vejez no está en retirada, sino que es una presencia activa.
La muestra genera una reacción inmediata en el público: impacto, silencio, emoción. No es una exposición más. Es una experiencia. Y también es, en algún punto, un espejo. Porque Tavernise no se ubica afuera de lo que retrata. “Falta poco para llegar a jubilado”, dice.
La historia personal también atraviesa su trabajo. Su primer contacto con este tipo de escenas fue en la década del 90, cuando fotografió por primera vez a una jubilada en una plaza durante una protesta. “Ahí dije: quiero vivir de esto”, recuerda. Desde entonces, el camino no fue lineal, pero estuvo acompañado por la certeza de que la fotografía era la herramienta para contar historias.
“Quise que los ojos hablen. Porque la sociedad naturalizó el espanto”, señala.
La muestra ya empezó a circular y hay propuestas para llevarla a otros espacios culturales, y el horizonte final es la construcción de un libro. Un archivo vivo, en permanente crecimiento.
Para Tavernise, todo esto es apenas un comienzo. Cada día se levanta con la misma idea: que la mejor foto de su vida todavía no fue tomada.
Y quizás esa sea la clave. Porque, más allá de la técnica, hay algo que no se negocia: “Sin pasión no se puede sacar una foto. Esto está hecho con amor”.





Hay miradas que no solo observan… revelan.
Las fotografías de esta muestra no capturan simplemente una marcha, capturan historia, dignidad y voz. En cada rostro hay una vida entera que se niega a ser invisible, y en cada encuadre se siente el respeto de quien sabe mirar más allá de lo evidente.
No es solo arte, es memoria viva. Es un recordatorio de que detrás de cada paso hay una lucha, y detrás de cada lucha, un corazón que aún late con fuerza.
Expandir esta exposición es necesario… porque hay verdades que merecen ser vistas una y otra vez, hasta que dejen de ser ignoradas.
Gracias Siilvana una hermosura para el alma
Su obra en blanco y negro es inmensa¡¡¡¡Con Una Sensibilidad única! Ruben capta con su lente , El Corazon del Pueblo¡¡¡
Está muestra es copia fiel del alma a través de las miradas…; de TODOS los abuelos luchando por sus derechos: fieles a sus convicciones.
RUBEN TAVERNISE, un gran profesional, supo captar el corazón de cada abuelo y hacer visible su lucha incansable, la voz que se expresa en cada rostro:, en cada lágrima…
Admiración y orgullo es el sentimiento que genera está muestra.
Exitos totales, Rubén!!!!
Gracias Jana
Hermosura para el alma
Estamos tan olvidados de la gente común de l9s políticos de la juventud, que solo Ruben nos re uerda con tanto amor y dulzura en cada foto, cada surco de l9s rostros son distintos temas, si esos surcos hablaran!!! Todo lo que dirían!!! Gracias Ruber Tavernise por estas fotos mágicas en blanco y negro que dicen todo!!!!! Te quiero cheli!!!