El Consorcio EIPC anunció oficialmente su lanzamiento con el objetivo de desarrollar la Calculadora de Impacto Ambiental de Plaguicidas (EIPC), una herramienta global orientada a mejorar la toma de decisiones en el manejo de plagas a partir de criterios científicos y metodologías armonizadas.
La iniciativa surge en un momento clave para la agricultura sostenible mundial, donde los sistemas productivos enfrentan el desafío de aumentar la sustentabilidad sin comprometer la productividad ni el acceso a herramientas eficaces de protección de cultivos.
El consorcio está coordinado por la Minor Use Foundation y reúne a especialistas de distintas áreas. Entre los socios fundadores se encuentran Hans-Peter Dohr, de ICA KG, a cargo del asesoramiento financiero; Klaus Kunz, de Ephrin GmbH, responsable del desarrollo comercial; y el profesor Peter Fantke, de substitute ApS, quien lidera el área científica.
El EIPC integrará resultados de modelos científicos reconocidos internacionalmente, como USEtox® y PestLCI, utilizados en evaluación del ciclo de vida y sustitución de productos químicos. El objetivo será ofrecer una metodología transparente y comparable para evaluar distintas estrategias de protección vegetal en las cadenas de valor agrícolas.
“La reducción del uso de plaguicidas basada únicamente en la cantidad aplicada es una métrica incompleta y muchas veces engañosa”, explicó Anna Gore, directora ejecutiva de la Minor Use Foundation. Según detalló, el EIPC permitirá comparar opciones desde un enfoque científico, aunque sin reemplazar las evaluaciones regulatorias oficiales que determinan si un producto es seguro.
El consorcio aclaró que la herramienta no funcionará como una evaluación de riesgo regulatoria, sino como un sistema comparativo de impacto ambiental. De este modo, ayudará a productores, empresas y responsables políticos a analizar el impacto relativo de diferentes alternativas de protección vegetal dentro de un mismo contexto agrícola.
La iniciativa cobra relevancia en medio de políticas internacionales que promueven la reducción del uso de fitosanitarios, como la estrategia europea “De la granja a la mesa”. Desde el EIPC advirtieron que una disminución en el volumen aplicado no siempre implica un menor impacto toxicológico, ya que algunos compuestos pueden generar efectos ambientales o sanitarios más severos incluso en menores cantidades.
El sistema también buscará responder a una problemática frecuente en cultivos especializados o de uso menor, donde las opciones registradas de protección de cultivos suelen ser limitadas. En esos escenarios, las empresas y productores enfrentan el desafío de equilibrar exigencias regulatorias, sustentabilidad y viabilidad económica.
A través de modelos científicos avanzados, el EIPC permitirá estimar y comparar impactos potenciales sobre la salud humana y los ecosistemas agrícolas, facilitando decisiones más informadas para toda la cadena agroindustrial.
“Se trata de elevar el rigor del debate sobre la transformación sostenible”, sostuvo Gore. “No solo importa cuánto usamos, sino el impacto comparativo de las decisiones que tomamos”.
