Segismundo es una obra unipersonal que se ofrece en la Sala Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543, CABA) todos los domingos a las 19.
Una propuesta lúdica y profunda creada e interpretada por el emblemático grupo Libertablas a partir del clásico universal “La vida es sueño”, de Pedro Calderón de la Barca.
A la magia titiritera de Luis Rivera López se suma la destreza en el manejo de títeres a escala humana y la versatilidad en la interpretación de personajes y en un cambio de voces que mantiene la expectativa en el espectador y es un pilar en el que se sostiene la narrativa.
Luis Rivera López se luce en una interpretación brillante y con un despliegue corporal que lo abarca y con todo su ser, logra dar vida esos títeres que dejan de lado su costado inanimado, para incorporarse en la esencia de la historia que protagoniza el actor, quien asume varios roles, pero que logra de manera impecable, aunarlos en un propósito: contar una historia.

Una obra para deleitarse, con la actuación, con un vestuario que define al personaje central, una iluminación adecuada y que sigue y marca los pasos de los “personajes” y en el marco de una puesta en escena y dirección de un talento como Gustavo Manzanal, a quien también le pertenece la adaptación del libro original de Calderón de la Barca y logra una versión sorprendente y creativa.
Segismundo es una propuesta del mítico grupo Libertablas (para adultos), basada en “La vida es sueño”, de Pedro Calderón de la Barca, con dramaturgia e interpretación de Luis Rivera López y con la intención de llevar al teatro con títeres uno de los grandes clásicos de la literatura universal.
No caben dudas que esta versión pone su principal foco en el quehacer teatral, en tanto constructor de una ficción que en el escenario se convierte en lo real. Y es el teatro el que crea estados y mundos nuevos que parten de la razón, la intuición y la sensibilidad que forman parte de la condición humana.
Acerca del proceso creativo, Luis Rivera López expresó a El Ágora: “Este espectáculo de Libertablas es para mí un acontecimiento simbólicamente conmovedor puesto que el clásico de Pedro Calderón de la Barca es un material que me ha apasionado desde mi adolescencia hasta hoy”.
¿Desde allí nació este proyecto?
Segismundo nace de un deseo que tiene cuarenta años de existencia. Hace exactamente la misma cantidad de años, tomé la crucial decisión de vivir de la profesión de actor. Para evitar el sufrimiento cotidiano que vislumbraba en el seno familiar (la eterna espera de un llamado), busqué una red grupal; una malla de contención creativa.
Toda una búsqueda esa contención y que en Segismundo se ve el resultado…
Me permito decir que el resultado de esa búsqueda fue mucho más allá de lo soñado. Con mis compañeros de Libertablas y bajo la dirección de Gustavo Manzanal, hemos surcado una experiencia que permitió darle vida a este sueño el cual parte de esa bella selva insondable que es la obra de Calderón. Esa catedral inabordable, con innumerables naves laterales, y con sus ídolos ocultamente paganos debajo de cada cruz. Esa vida soñada sobre un escenario, que es una forma de vida que los actores amamos. Cuarenta años de trabajo se corporizan en un sueño estético, vívido y que se asemeja a una pesadilla, que se descubre entre el humo y las sombras para que podamos tomar el destino en nuestras manos, dominarlo, festejarlo y disfrutarlo.
Sobre la puesta en escena, Gustavo Manzanal expresó que “encarar una pieza sobre el destino y los misterios del ser nos pone en un desafío existencialista y estético. Imposible no abordarlo sin una cuota importante de compromiso, junto con el registro de lo real y lo histórico. Es una obra que, además, fue montada muchas veces, con diversos tratamientos que priorizaron uno de los tantos conflictos que tiene el original. Nuestra búsqueda se focalizó en aquella ligazón tan particular que existe entre la palabra y los hechos; entre el espacio de la ficción y la construcción creativa del actor en ésta. Sin descuidar la grandeza poética de Calderón de la Barca, intentamos dar con un humor lacerante y sutil, ese que deviene en la sola intención de exhibir las flaquezas humanas, con el objeto de salir airoso: la potencia del decir, del mostrar y del accionar. Los muñecos, los objetos, la escenografía estilizada, las transiciones abruptas, la música integrada al desarrollo narrativo, son algunas de nuestras decisiones sobre cómo interpretar el peso y la presencia de lo onírico”.
Detrás del telón
La música original es de Alberto ‘Chucho’ Bonacera; el diseño de escenografía, vestuario y títeres: Alejandro Mateo; realización de escenografía y títeres: Andrés Manzoco, Luis Rivera López y Melina Filossi; realización de vestuario: ‘Titi’ Suárez; asistencia de producción: Julieta Rivera López; fotografías: Lucía Rivera López; diseño de imagen: Mathías Carnaghi; producción general: Libertablas (cooperativa de trabajo); asistente de escena: Martiniano Manzanal; dirección general: Gustavo Manzanal.

