El fútbol tiene una particularidad que lo convierte en el deporte más apasionante del mundo: no reconoce antecedentes, escudos ni historia cuando el árbitro marca el inicio del partido. Durante 120 minutos, todo un país sufrió, alentó e hizo fuerza frente al televisor mientras la Selección argentina libraba una verdadera batalla ante un Cabo Verde que confirmó por qué es la gran sorpresa del Mundial 2026.
El campeón del mundo tuvo que apelar a toda su jerarquía, pero también a la garra, el corazón y el espíritu competitivo que caracteriza al ciclo de Lionel Scaloni para imponerse por 3-2 y avanzar a los octavos de final, donde ahora enfrentará a Egipto.
Desde el comienzo, Argentina monopolizó la posesión del balón. Con paciencia y circulación, buscó abrir espacios frente a un rival ordenado, veloz y preciso en cada recuperación. La primera gran oportunidad fue para Lionel Messi, quien recibió dentro del área tras una gran combinación colectiva, aunque su definición salió desviada.
El capitán tendría revancha antes del descanso. A los 29 minutos, Lisandro Martínez detectó su desmarque y lo asistió con un preciso pase largo. Messi controló con la zurda y definió con la calidad de siempre para establecer el 1-0 y alcanzar su séptimo gol en el torneo, además del vigésimo de su extraordinaria carrera mundialista.
Antes del entretiempo, Enzo Fernández estuvo cerca de ampliar la ventaja con un potente remate desde media distancia, pero el arquero Vozinha respondió con una gran intervención, anticipando la enorme actuación que tendría durante toda la noche.
Un rival que nunca dejó de creer
Si alguien pensó que el partido estaba resuelto, Cabo Verde se encargó de demostrar lo contrario. El conjunto africano salió decidido en el segundo tiempo y encontró el empate a los 59 minutos gracias a Deroy Duarte, que aprovechó un descuido defensivo para definir cruzado ante Emiliano Martínez.
A partir de allí comenzó otro partido. Argentina insistió permanentemente con Messi como eje de cada ataque. Lautaro Martínez lo asistió en una acción clara que terminó otra vez en las manos de Vozinha, mientras que el arquero caboverdiano también le ahogó el grito al capitán tras un impecable tiro libre.
Los dirigidos por Scaloni generaban situaciones, pero enfrente aparecía una defensa solidaria y un arquero inspirado. Cabo Verde sostenía la igualdad y obligaba al campeón del mundo a jugar con la presión del reloj.
El empate llevó la definición al tiempo suplementario, donde nuevamente apareció la personalidad de Argentina. Apenas comenzado el alargue, Lisandro Martínez controló un envío ofensivo y definió para marcar el 2-1, devolviendo la tranquilidad.

Sin embargo, la ilusión duró poco. Cuando parecía que el primer tiempo extra terminaba con ventaja argentina, Sidny Lopes Cabral sacó un extraordinario remate desde afuera del área que se clavó en un ángulo e igualó nuevamente el encuentro.
Lejos de resignarse, la Selección respondió con carácter. Tras un nuevo córner, Cristian Romero ganó de cabeza y convirtió el definitivo 3-2 que desató el desahogo de millones de argentinos.
Todavía quedaba una última emoción. En el cierre del encuentro, Cabral volvió a probar desde lejos y obligó a Emiliano “Dibu” Martínez a realizar una atajada espectacular para asegurar la clasificación.
Además de su gol, Messi también aportó una asistencia y se convirtió en el único futbolista de la historia en brindar pases de gol en seis Copas del Mundo diferentes, otro récord que agranda una carrera incomparable.
Del otro lado quedó un Cabo Verde que se despidió con todos los honores. Su velocidad, precisión y valentía pusieron contra las cuerdas al campeón del mundo y confirmaron que fue una de las grandes revelaciones del certamen.
Argentina sufrió como pocas veces, pero volvió a demostrar por qué sigue siendo candidata. Porque este equipo no solo juega bien: también sabe resistir, levantarse y ganar cuando más cuesta. Como dice el tango, primero hay que saber sufrir. Y la ilusión mundialista continúa intacta.




