El cultivo de papa en Argentina comienza a reordenarse luego de un 2025 marcado por la sobreoferta, la caída de precios y pérdidas generalizadas. En el sudeste de la provincia de Buenos Aires —principal región productiva— la campaña 2025/2026 muestra un dato clave: se sembró menos.
Según el relevamiento satelital, la superficie cayó un 12%, pasando de 38.177 a 33.722 hectáreas. Lejos de ser una señal negativa, el ajuste responde a una decisión estratégica del sector: producir menos para equilibrar el mercado.
Menos superficie, mejor precio: el nuevo enfoque del sector papero
El recorte no fue uniforme. Partidos como Balcarce, General Alvarado y General Pueyrredón registraron bajas de entre el 16% y el 19%, mientras que Necochea fue la excepción con un crecimiento del 32%. Este movimiento refleja una reconfiguración interna en la producción.
A la menor siembra se sumó un factor determinante: el clima. Excesos hídricos primero y falta de lluvias después afectaron los rindes en todas las etapas del cultivo. Las papas tempranas produjeron menos, las intermedias directamente no se pudieron sembrar y las tardías tuvieron ciclos más cortos.
Este combo —menos superficie y menores rindes— podría derivar en una menor oferta total, lo que abre la puerta a una recuperación de precios en 2026.
Sin embargo, el escenario no está exento de tensiones. Los costos siguen en alza, con aumentos en combustibles, insumos y logística, mientras que la incertidumbre internacional presiona sobre la competitividad. Brasil, principal comprador de papa prefrita, redujo sus importaciones desde Argentina ante la mayor presencia europea en ese mercado.
Frente a este contexto, el sector empieza a consolidar un cambio de lógica: dejar atrás la expansión sin planificación y avanzar hacia una producción más racional.

La consigna es clara: sembrar menos, pero mejor. Esto implica ajustar la superficie a la demanda real, reducir costos y evitar excedentes que depriman los precios, como ocurrió en la campaña anterior.
En paralelo, la incorporación de tecnología y el uso de información —como los relevamientos satelitales impulsados junto al INTA— aparecen como herramientas clave para ordenar la producción y mejorar la eficiencia.
El dato de papa semilla, con más de 3.300 hectáreas relevadas, también aporta previsibilidad para lo que viene y refuerza la idea de un sector que busca reorganizarse con mayor precisión.
Así, 2026 se perfila como un año de transición para la papa argentina: menos volumen, más estrategia y un objetivo claro de recuperar la rentabilidad sin repetir los errores del pasado.


