Senasa y la Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Carne de Cerdo (CAICHA) lanzaron una campaña conjunta para promover el consumo responsable y seguro de carne de cerdo y chacinados. La iniciativa pone el foco en algunas prácticas sencillas que los consumidores pueden incorporar al momento de comprar, conservar, manipular y cocinar estos alimentos.
La seguridad alimentaria comienza en el momento de la compra. Por eso, se recomienda adquirir estos productos en frigoríficos, carnicerías, comercios y supermercados habilitados, donde deben cumplir con los controles y requisitos sanitarios establecidos por la normativa vigente.
Los organismos recomiendan prestar especial atención a los productos envasados. El envase debe encontrarse en buenas condiciones y contar con un rótulo o etiqueta que permita identificar claramente el producto, su origen y la información exigida por la normativa.
Comprar en establecimientos habilitados contribuye a garantizar la trazabilidad de los alimentos, ya que permite conocer su procedencia y las condiciones en las que fueron elaborados y comercializados.
En cambio, aconsejan evitar la compra de carne de cerdo o chacinados en puestos callejeros, establecimientos no habilitados o lugares que no puedan acreditar las condiciones sanitarias correspondientes.

La importancia de cocinar correctamente la carne de cerdo
La correcta manipulación y cocción también es fundamental para un consumo seguro. Se recomienda cocinar completamente la carne de cerdo y evitar consumirla cruda o insuficientemente cocida, ya que una cocción adecuada permite reducir los riesgos asociados a microorganismos que pueden estar presentes en las carnes crudas.
Además, es importante mantener la cadena de frío, respetar las indicaciones de conservación de los productos envasados, separar los alimentos crudos de los cocidos y realizar una adecuada higiene de manos y utensilios durante la preparación.
El mensaje central de la campaña es que comprar responsablemente también es una forma de cuidar la salud. Elegir productos de origen conocido, adquiridos en establecimientos habilitados y correctamente rotulados, y acompañar esa elección con una adecuada conservación y cocción son prácticas sencillas que contribuyen a una alimentación segura.




