Las transformaciones del comercio internacional de alimentos plantean nuevas oportunidades y exigencias para la agroindustria argentina. La diversificación de mercados, la trazabilidad, la sostenibilidad, los biocombustibles y la innovación fueron algunos de los ejes analizados durante el panel “El futuro del comercio agroindustrial: tendencias, riesgos y oportunidades”, realizado en el marco del lanzamiento de la campaña gruesa 2026/27.
El director de INAI, Maximiliano Moreno, planteó que durante la próxima década aumentará la importancia estratégica de los minerales, la energía y los alimentos, en un escenario atravesado al mismo tiempo por mayores niveles de incertidumbre. Las tensiones geopolíticas, el vínculo entre China y Estados Unidos y la búsqueda de cadenas de suministro más diversificadas están modificando las condiciones del comercio global.
Para Argentina, este contexto puede abrir oportunidades si logra fortalecer dos atributos: la capacidad de garantizar un abastecimiento estable de agroalimentos y la demostración de condiciones de sostenibilidad socioambiental. En ese sentido, Moreno destacó la necesidad de ampliar los destinos de exportación, avanzar en aperturas sanitarias y acuerdos comerciales y anticiparse a los cambios en las demandas vinculadas con alimentos, sostenibilidad y biocombustibles.
“La incertidumbre internacional no necesariamente juega en contra de Argentina. Puede aumentar el valor estratégico de lo que producimos y cómo lo producimos”, sostuvo.
Trazabilidad, biocombustibles e innovación, entre las claves para competir
La trazabilidad apareció como otro de los elementos centrales para acceder a mercados con mayores exigencias. Josefina Vecino, coordinadora general de VISEC, explicó el funcionamiento del sistema desarrollado para trazar y certificar las exportaciones de la cadena sojera frente a los requisitos de la Unión Europea. Según señaló, Argentina ocupa un lugar pionero en esta materia y VISEC constituye una experiencia de referencia.
Vecino también presentó la iniciativa CRAV, orientada a facilitar la sistematización y certificación de información vinculada con estándares empresariales de sostenibilidad. En el proyecto participan las siete Bolsas de Cereales del país.
Desde la industria aceitera, Gustavo Idígoras, presidente de CIARA-CEC, puso el foco en los biocombustibles y en su aporte al proceso de transición energética. Señaló la necesidad de que Argentina avance hacia un nuevo marco normativo y tomó como referencia la experiencia de Brasil. También remarcó la importancia de que el país participe en los espacios internacionales donde se definen los estándares que regirán este mercado.
Las transformaciones en los hábitos de consumo fueron abordadas por Mercedes Nimo, jefa de Gabinete de la Subsecretaría de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. Entre las tendencias mencionó la demanda de alimentos con mejores perfiles nutricionales y atributos vinculados con calidad, ambiente y aspectos sociales, junto con sistemas que permitan acreditar el origen y las características de los productos.

El crecimiento de los alimentos funcionales y probióticos, una mayor demanda de proteínas de origen vegetal y animal, las etiquetas inteligentes y los sistemas de trazabilidad que permiten conocer el recorrido de los alimentos forman parte de ese nuevo escenario.
Para Nimo, Argentina cuenta con capacidades productivas y tecnológicas para responder a estas demandas y fortalecer su posicionamiento como proveedor confiable de alimentos.
El panel también incorporó la perspectiva de la innovación como factor de competitividad. Daniel Pelegrina, director de Relaciones Públicas e Institucionales de la Universidad Austral, presentó el ecosistema NAIVA y explicó los objetivos de la iniciativa impulsada, entre otras instituciones, por la Bolsa de Cereales, la Universidad Austral y CREA.
En el cierre del encuentro quedó planteado uno de los desafíos centrales para la agroindustria frente a un comercio internacional más exigente: sostener y mejorar la productividad mediante la incorporación de tecnología e innovación, al mismo tiempo que se desarrollan herramientas para demostrar el origen, la sostenibilidad y la calidad de lo que Argentina produce y exporta.




