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Revalorización del Mercosur ante los desafíos post Covid-19

El Ágora Por El Ágora
10 agosto, 2020
en Agronegocios
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Pensando el 2026
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Columna de opinión de Pablo Elverdin. Coordinador de estrategia y contenidos del Grupo de Países Productores del Sur (GPS), exconsultor externo del International Food Policy Research Institute (IFPRI) y del Banco Inter-Americano de Desarrollo (BID), entre otros organismos internacionales.

Fuente: IICA

En sus 25 años de vigencia, los países del MERCOSUR no han logrado contar en forma explícita y consistente, con una visión política común acerca de la importancia de las exportaciones como motor del crecimiento económico sostenible de largo plazo. Tampoco la plena apreciación de las contribuciones de la agroindustria al empleo, el valor agregado, la inversión, la innovación y como fuente creciente de generación de divisas fue suficientemente valorada en las estrategias de desarrollo implementadas. La crisis del COVID-19 y las necesarias restricciones que por razones sanitarias se han tenido que instrumentar para contener la propagación de la enfermedad, tendrán significativos impactos en la economía regional y global, planteando reconfiguraciones y reacomodamientos en el ámbito económico y comercial, aún difíciles de predecir, pero que plantean algunos importantes, y casi seguros, desafíos para la región.

La pandemia global ha puesto explícitamente de manifiesto el fuerte debilitamiento que vinieron sufriendo los organismos de gobernanza internacional durante los últimos años. En estas situaciones, la necesidad de repuestas conjuntas y coordinadas se hace más evidente. Sin embargo, la reacción general a nivel global fue mayoritariamente individual y poco colaborativa, situación que se ha manifestado incluso en bloques de países fuertemente consolidados como la Unión Europea, presentando problemas para coordinar una respuesta unificada.

Estas respuestas individuales y poco colaborativas están siendo ilustradas por los distintos tipos de restricciones comerciales sobre equipamiento de salud y alimentos, acrecentando la incertidumbre y contrariando lo acordado dentro del marco de instituciones multilaterales como la Organización Mundial de Comercio (OMC). Peor aún, es probable que este tipo de medidas continúe in crescendo en el futuro inmediato (Adriana García opina sobre este tema).

Al mismo tiempo, la mayor parte de los países enfrentan serios desafíos económicos internos, por lo que han estado instrumentando políticas que tratan de minimizar el impacto económico y social de las restricciones en el corto plazo. Pero también, de manera muy acertada, muchos de ellos también están comenzando a idear planes integrales de recuperación económica para el período posterior a la crisis sanitaria.

La etapa post COVID-19 impondrá mayores desafíos, en especial para aquellas economías pequeñas o que venían arrastrando fragilidades económicas de manera previa. La posibilidad de seguir contando con mercados a los que exportar sus productos y la instrumentación de un plan de recuperación global coordinado desde los organismos multilaterales tiene una mayor relevancia y urgencia para estos países.

En este contexto, es necesario y urgente que los países del MERCOSUR hagan un significativo esfuerzo para revalorizar esta alianza estratégica en pos de promover, en forma conjunta y coordinada, los intereses de la región. En el diseño de una posible estrategia común para enfrentar el periodo post COVID-19 y retomar una senda de crecimiento económico sostenido, tres temas sustantivos surgen como de especial relevancia.

En primer lugar, es necesario recapitular sobre la importancia de los diferentes sectores productivos en función de su relevancia económica, capacidad para generar empleo, atraer inversiones, promover la innovación, pero esencialmente, en función de sus capacidades competitivas en el ámbito internacional, tanto actuales como futuras. Entre otros sectores, las áreas que rodean a la bioeconomía surgen como un sector natural al cual es conveniente promover en los cuatro países.

Los diferentes subsectores de la bioeconomía tienen una importancia sustantiva para todas las estructuras productivas de la región, tanto en lo que refiere a la generación de valor agregado, empleo, inversiones, innovación, divisas y desarrollo territorial. En este contexto, repensar el vínculo regional con foco en políticas de promoción de la bioeconomía parece una estrategia acertada para el mediano-largo plazo, tanto a nivel nacional como regional.

Cabe destacar que la bioeconomía no sólo abarca a la producción agrícola, sino que refiere a todos los sectores concatenados, presentándose como una estrategia de desarrollo sostenible, que abarca mucho más allá del medio rural. Dada la alta competitividad internacional de estos sectores en nuestros países, la construcción de una “estrategia de bioeconomía” regional, requiere más de definiciones políticas, reforma en el marco normativo y apoyo al sistema de innovación, que el aporte de grandes sumas monetarias por los Estados, los que serían difícil de afrontar en un escenario post COVID-19, donde los países tendrán serias restricciones fiscales.

Los cuatro países cuentan con altas capacidades competitivas internacional en este sector. De hecho, resulta esencial no perder de vista que el aporte del MERCOSUR a la seguridad alimentaria global cubre más del 35% de las necesidades netas de alimentos y bienes agroindustriales a nivel global(bajar archivo), y de la relevancia de estas exportaciones para las economías de nuestra región.

Un segundo tema es el comercio internacional. Lamentablemente la pandemia ha acelerado una tendencia que se venía manifestándose paulatinamente durante el último tiempo; el retorno de políticas agrícolas proteccionistas, tanto en países desarrollados, como en un creciente número de países en desarrollo. Ello afectará los mercados globales, impactando los precios internacionales y las capacidades de exportación. Pero peor aún, tendrá importantes consecuencias para la sostenibilidad de los productores rurales más pequeños y menos tecnificados. Frente a ello, es necesario que la región, junto a otros países productores de bienes agroindustriales, unifique criterios y exijan el cumplimiento de los compromisos asumidos en los organismos multilaterales.

En un escenario con una tendencia hacia el comercio administrado y la imposición de otras barreras comerciales, el acceso de nuestros productos a terceros mercados será más dificultoso. Frente a ello, será necesario una muy activa tarea de negociaciones con los principales países importadores. Si bien es cierto que las restricciones al comercio de alimentos probablemente serán menores que en otros sectores (para garantizar la propia seguridad alimentaria en países importadores), es necesario que los países del MERCOSUR generen (con otros países de la región) una estrategia colectiva, a fin de defender mancomunadamente y de manera coordinada, intereses comerciales comunes.

Esto es muy relevante, puesto que la actual gobernanza multilateral ha sido insuficiente para dar una respuesta satisfactoria a la presente crisis. No obstante, la importancia del valor de los marcos normativos multilaterales, sus negociaciones y la OMC como el organismo responsable de facilitarlas, siguen siendo de enorme importancia para hacer frente a situaciones como las que se están viviendo. Una respuesta más coordinada en las primeras etapas de propagación de la enfermedad seguramente hubiera resultado en una mejor situación que la actual.

Los países de la región deben seguir impulsando el diálogo multilateral, generando propuestas superadoras que permitan sacar a estos organismos del aletargamiento en el que se encuentran. La defensa de estos organismos de debate, cooperación y regulación internacional serán cada vez más importantes para dar respuestas alternativas y coordinadas a las potenciales disposiciones individuales de los países.

La búsqueda de una mayor coordinación y generación de propuestas conjuntas es aún más importante para países en desarrollo, con escaso poder de negociación individual, y con una relación de fuerza disminuida frente a los grandes importadores globales. Centrar esa defensa en los intereses de la producción agroindustrial en el marco conceptual de la bioeconomía, parece ser la estrategia más acertada en el mediano plazo.

Ello no sólo requiere coordinar la estrategia hacia afuera de nuestros países, sino también envuelve un importante trabajo al interior de los miembros del MERCOSUR. El desarrollo de sistemas logísticos más eficientes, el fortalecimiento de los programas nacionales de sanidad animal y vegetal, el apoyo a los sistemas nacionales de innovación, la modificación de ciertos marcos regulatorios, la creación de programas específicos de financiamiento y la reorientación de los programas nacionales de promoción comercial, entre otros, son esenciales para el éxito de esta estrategia.

En cualquier caso, la estrategia de inserción comercial no puede estar ajena a la política exterior. En un escenario de presumible aceleración en el esquema de realineación política de los países en el marco de la disputa de poder entre China y Estados Unidos, los países de la región deben hacer el mayor esfuerzo para sostener un razonable equilibrio en su relacionamiento con estas potencias. Ello será significativamente más difícil y desafiante sin un esquema multilateral de gobernanza en el cuál apoyarse. La construcción de alianzas estratégicas que permitan equilibrar las crecientes tensiones y presiones de estas dos potencias es cada vez más urgente.

Un tercer tema que requiere máxima observación son las regulaciones sanitarias y fitosanitarias, las que pueden ser utilizadas en forma arbitraria para convertirlas en un mecanismo de defensa de los países importadores frente a la crisis planteada por el COVID-19. En este escenario, la aplicación a gran escala del “principio precautorio” por parte de muchos países es una posibilidad cada vez más factible. Exigir la vigilancia de la correcta aplicación de la normativa del comercio internacional vigente y defender los intereses regionales frente a las barreras injustificadas al comercio será, presumiblemente, una tarea crecientemente difícil e importante. Reforzar el diálogo regional y construir mecanismos fluidos de vinculación y de toma de decisiones, será también cada vez más relevante.

Todas estas áreas internas de trabajo requieren de un importante grado de coordinación dentro del MERCOSUR. La creación de algunos bienes públicos regionales de relevancia, tanto para el desarrollo de la bioeconomía como para el fortalecimiento del comercio internacional, incluyendo los aspectos sanitarios, es indispensable. No sólo para facilitar la coordinación entre los cuatro países y dar una respuesta más rápida y eficiente a los crecientes desafíos que se plantean (en especial en materia sanitaria y comercial), sino para facilitar la construcción de alianzas sólidas con países de similares intereses. Hoy, la unidad y la defensa conjunta de intereses comunes toma un protagonismo cada vez más importante.

En este escenario, los desafíos que nos plantea el COVID-19 son significativos y nos sugiere replantear la estrategia. En el medio de actuales y futuras restricciones internas y externas, fortalecer el espacio regional, tanto al interior como hacia fuera del MERCOSUR, sobre la base de un sector altamente competitivo, transversal e innovador como la bioeconomía, surge como un camino eficiente en la búsqueda de una estrategia sostenible de desarrollo a largo plazo.

Etiquetas: alimentoscovid-19desarrolloElverdinIICAMERCOSUR
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