La guerra en el Medio Oriente sumó una nueva jornada crítica, marcada por el ultimátum del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Irán para reabrir el estratégico Estrecho de Ormuz. Antes incluso de que venciera el plazo, se registraron ataques sobre infraestructura civil iraní, lo que profundizó la tensión internacional.
En paralelo, fuerzas de Estados Unidos y Israel lanzaron ofensivas sobre distintos puntos del territorio iraní, incluyendo rutas, puentes y líneas ferroviarias clave para la logística interna. Desde Teherán, las autoridades advirtieron que cualquier avance sobre sus “líneas rojas” podría derivar en represalias que afecten el suministro global de energía.
Los ataques alcanzaron zonas sensibles como la isla de Kharg y áreas cercanas a Qom, además de corredores estratégicos que conectan ciudades como Tabriz con la capital, Teherán. También se reportaron interrupciones en el sistema ferroviario hacia Mashhad, en un intento por limitar la movilidad interna.
Desde el gobierno israelí, el primer ministro Benjamin Netanyahu justificó las acciones señalando que estas infraestructuras eran utilizadas con fines militares por la Guardia Revolucionaria. Sin embargo, el impacto sobre activos civiles generó preocupación en la comunidad internacional.
El trasfondo económico no es menor: el Estrecho de Ormuz es uno de los puntos neurálgicos del comercio energético global, por donde circula una parte sustancial del petróleo mundial. Cualquier interrupción en esta vía podría generar efectos inmediatos en los mercados internacionales.
A pesar de la retórica beligerante, las gestiones diplomáticas continuaron. El vicepresidente estadounidense, JD Vance, confirmó que hubo negociaciones intensas en las horas previas al vencimiento del ultimátum, mientras actores regionales como Pakistán intentaron mediar para evitar un desenlace mayor.
Incluso desde Teherán se reconocieron contactos indirectos con Washington, lo que abre una ventana —aunque frágil— para una eventual desescalada. Versiones periodísticas indicaron avances en las últimas horas, lo que incluso generó reacciones en los mercados con una baja en el precio del petróleo.
Por el momento, la Casa Blanca descartó el uso de armamento nuclear, buscando moderar el impacto de declaraciones previas y evitar una mayor inestabilidad global.
Por su parte, horas más tarde, el primer ministro de Pakistán, Shebbaz Sharif, pidió a Trump que extienda su ultimátum a Irán por dos semanas más para permitir la continuación de los esfuerzos diplomáticos en los que media su país.
“Para que la diplomacia siga su curso, solicito encarecidamente al presidente Trump que amplíe el plazo dos semanas”, urgió Sharif en un mensaje en X, en el que también pidió a Irán que abra el estrecho de Ormuz durante ese mismo período como «un gesto de buena voluntad.
El escenario sigue abierto y altamente volátil, con el equilibrio entre presión militar y negociación diplomática como eje central de una crisis que podría redefinir el tablero geopolítico y energético mundial.

