Agroempresariales
En el marco del 34° Congreso AAPRESID, productores y especialistas analizaron experiencias con colza, cártamo y camelina y su incorporación a los sistemas agrícolas argentinos. Los casos presentados mostraron cómo estos cultivos permiten aprovechar períodos de barbecho, diversificar la producción y sumar alternativas comerciales.
Durante la jornada técnica, Jorge Bassi, director de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge Argentina, señaló que la intensificación de las rotaciones busca generar producción durante períodos tradicionalmente improductivos y, al mismo tiempo, mejorar el aprovechamiento de los recursos.
Según explicó, el desarrollo de oleaginosas de invierno también está vinculado con una demanda creciente de materias primas para biocombustibles. En particular, destacó el avance del combustible sostenible de aviación (SAF), un mercado que requiere aceites con una menor huella de carbono y sistemas de producción certificados.
Bassi indicó que durante 2026 el programa alcanzó 160.000 hectáreas certificadas entre colza, cártamo y camelina, bajo esquemas de trabajo conjunto con productores.
Los especialistas que participaron del panel compartieron experiencias de distintas regiones productivas y mostraron que la incorporación de estos cultivos depende de las condiciones agroclimáticas y de su integración con los cultivos de segunda.
Cártamo: una alternativa frente a la variabilidad climática
Desde AGRO Cotton Grupo Linke, el ingeniero agrónomo Miguel Kolar explicó que el cártamo comenzó a incorporarse como respuesta a campañas marcadas por la sequía.
La experiencia iniciada en 2024 permitió avanzar en la diversificación del planteo y en su complementariedad con otros cultivos. Actualmente, el grupo destina unas 15.000 hectáreas a cártamo sobre un total de 20.000, una escala que refleja el lugar que adquirió dentro del sistema productivo.
Por su parte, Matías Taravella, asesor de Jakas Kokic Ivancich SA, presentó resultados de tres años de trabajo con colza en la zona centro. En una región con períodos extensos de barbecho, el cultivo permitió aprovechar una etapa del año que tradicionalmente permanecía sin producción.
El asesor señaló que se alcanzaron rendimientos de hasta 30 quintales por hectárea con cosecha directa y destacó además las condiciones del suelo luego de la cosecha, particularmente por su aporte a la infiltración de agua.
La experiencia muestra que los cultivos de invierno pueden contribuir a construir sistemas agrícolas más intensivos, con mayor aprovechamiento de los recursos disponibles durante el año.
En el sudeste bonaerense, el ingeniero agrónomo Pablo Calviño analizó la incorporación de camelina y su impacto sobre la soja de segunda.
De acuerdo con su experiencia, la soja implantada sobre camelina puede alcanzar rendimientos similares a los de una soja de primera, permitiendo sumar un cultivo de invierno sin una reducción significativa del potencial posterior.
Además, la incorporación de camelina permitió adelantar las fechas de siembra de soja y aprovechar un período que anteriormente permanecía improductivo.
Las experiencias compartidas durante el Congreso mostraron que colza, cártamo y camelina pueden convertirse en herramientas para intensificar las rotaciones, diversificar los sistemas y generar nuevas alternativas productivas y comerciales.




