Agroempresariales
El año Niño puede mejorar el potencial de rendimiento del maíz tardío, aunque también plantea desafíos para la implantación, la sanidad y la cosecha. Desde Stine destacan la importancia de elegir la genética adecuada para cada ambiente y ajustar el manejo para aprovechar la disponibilidad de agua. En el mercado internacional, la caída prevista de los stocks mundiales abre nuevas perspectivas para el cereal.
Genética y manejo, claves para el maíz tardío
Las mayores precipitaciones previstas para un año Niño pueden mejorar las reservas de agua y favorecer el potencial productivo del maíz tardío. Sin embargo, los excesos hídricos pueden complicar las siembras, mientras que las condiciones húmedas aumentan la presión de enfermedades. En el norte del país, además, la chicharrita representa uno de los principales desafíos.
“El maíz tardío tiene como principal fortaleza la estabilidad. Pero este año, si las lluvias acompañan, también podemos pensar en un plus de rendimiento”, señaló Manuel Bavio, gerente de ventas de maíz de Stine.
El especialista advirtió que los excesos de agua pueden impedir completar las siembras en las fechas previstas y obligar a modificar los planteos. En ese escenario, la elección del híbrido según las características de cada ambiente resulta determinante: en lotes restrictivos se buscan materiales que aseguren un piso de rendimiento, mientras que en los ambientes de mayor potencial se puede apostar a híbridos con mejores perspectivas productivas.
La disponibilidad hídrica también puede permitir ajustes en la densidad de siembra y la nutrición, siempre que las condiciones del lote acompañen. Para estos planteos, Stine destaca el ST 9937, de ciclo completo, estabilidad productiva, buen comportamiento sanitario y alto potencial de rendimiento, especialmente adaptado a la región central.
Las condiciones húmedas, sin embargo, pueden favorecer enfermedades como el tizón, la cercospora y la mancha blanca. Para las regiones del NOA y NEA, la empresa presenta el ST 9977, un híbrido tropical de ciclo completo, alta prolificidad y adaptación regional, que se destaca por su comportamiento frente a Spiroplasma.
En tanto, el ST 9833 CL ofrece una alternativa para siembras tardías y de segunda, con ciclo intermedio, estabilidad productiva y tecnología Clearfield para el manejo de malezas.
Otro aspecto clave es la seguridad a cosecha, ante la posibilidad de demoras por las condiciones climáticas. “La fortaleza de caña es una característica que no negociamos. Cuando el clima demora la cosecha, contar con materiales que resistan el vuelco y el quebrado hace una diferencia importante”, destacó Bavio.
La duración del fenómeno Niño sigue siendo una incógnita y, según el texto, podría extender su impacto hasta el próximo otoño. Por eso, la elección de híbridos debe contemplar no solo el potencial de rendimiento, sino también la estabilidad, el perfil sanitario y la resistencia al vuelco y al quebrado.
En el plano internacional, las estimaciones del USDA para la campaña 2026/27 ubican los stocks mundiales de maíz en 280,4 millones de toneladas, casi 27 millones menos que en el ciclo anterior. Esta reducción podría contribuir a sostener las cotizaciones y generar oportunidades comerciales para los productores.
La propuesta de Stine apunta a combinar ciclos, sanidad, estabilidad y potencial productivo según cada ambiente y planteo. Como resumió Bavio, la clave es encontrar el material adecuado para cada necesidad.




