En el cierre de la campaña 2025/26, la soja exhibe un comportamiento dispar en su relación con los principales insumos, servicios e inversiones del sector agropecuario. Así se desprende del último Monitor Insumo-Producto elaborado por Coninagro, una herramienta que mide cuántos kilos o toneladas de producción se necesitan para adquirir distintos bienes y servicios vinculados a la actividad.
El informe analiza el poder de compra de siete productos clave de la agroindustria argentina: soja, maíz, trigo, ternero, novillito, leche y yerba mate. El objetivo es evaluar cómo evolucionan las relaciones entre precios y costos, permitiendo medir la competitividad y la rentabilidad relativa de los productores.
Con una producción nacional de soja estimada en 51,1 millones de toneladas por la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, impulsada por buenos rendimientos en las regiones centro y norte del país, la oleaginosa llega al final del ciclo con mejoras significativas en materia de inversiones y bienes de capital.
Entre los indicadores más favorables se destaca la compra de cosechadoras. Actualmente se necesitan 1.283 toneladas de soja para adquirir una unidad, frente a las 1.768 toneladas requeridas un año atrás, lo que representa una mejora interanual del 27,4%. También mejoró la relación con las sembradoras, que demandan 338 toneladas de soja, un 21,3% menos que hace un año.

La adquisición de una camioneta Hilux 4×4 requiere hoy 115 toneladas de soja, un 16,8% menos que en mayo de 2025, mientras que para comprar un tractor se necesitan 430 toneladas, mostrando una mejora del 18,4% respecto de las 528 toneladas requeridas el año anterior.
La construcción también presenta una evolución favorable. Levantar un metro cuadrado demanda actualmente 2 toneladas de soja, con una mejora interanual del 12,9%, mientras que la compra de un inmueble requiere 6,8 toneladas por metro cuadrado, reflejando una mejora del 19,4%.
Sin embargo, el panorama cambia cuando se observan algunos costos operativos y la actividad ganadera. La reposición de invernada exige actualmente 14,5 kilos de soja por cada kilo de ternero, un encarecimiento del 16% respecto de la campaña pasada. Además, esta relación se ubica un 64,3% por encima del promedio de los últimos cinco años, constituyendo una de las mayores pérdidas de poder adquisitivo para la oleaginosa.
Otro de los puntos críticos es el combustible. Hoy se requieren 5,1 kilos de soja para comprar un litro de gasoil, lo que implica un deterioro del 17% frente al año pasado y del 48% respecto del promedio quinquenal. En términos prácticos, el productor necesita entregar más grano para acceder al mismo volumen de combustible.
En materia logística, la situación es algo más equilibrada. Los fletes demandan un 2% menos de soja que hace un año, aunque continúan ubicándose un 33% por encima del promedio de los últimos cinco años.
Respecto de los insumos agrícolas, las variaciones son más moderadas. El productor necesita un 5% más de soja para adquirir glifosato que un año atrás, mientras que la relación con fertilizantes como el fosfato monoamónico muestra una leve mejora.
En síntesis, el monitor refleja que la soja recuperó capacidad de compra para realizar inversiones y renovar equipamiento, pero sigue enfrentando mayores costos relativos en rubros clave como combustibles, ganadería y logística, configurando un escenario de rentabilidad con señales mixtas para el productor argentino.




