El informe realizado por el Departamento de Investigación y prospectiva de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires presenta los resultados clave de la tecnología aplicada al cultivo de soja durante la campaña 2023/24, destacando su posición como el cultivo de mayor extensión en el país.
La adopción de tecnología mostró un retroceso respecto a la campaña previa, con un desplazamiento del nivel alto hacia el medio, resultando en una distribución del 24% de adopción alta, 71% media y 5% baja.
En cuanto a la siembra, el 94% del área total fue implantada bajo siembra directa, 1 pp. por debajo del máximo de las últimas campañas, y representa un incremento de 3 puntos porcentuales respecto a la campaña anterior. Existen diferencias significativas entre la labranza convencional o reducida y la siembra directa, que abarcan aspectos como la cantidad de labores necesarias para el productor y la presencia o ausencia de rastrojo en el suelo. Cada uno de estos sistemas presenta ventajas y desventajas comparativas, donde la siembra directa, por ejemplo, se destaca por reducir los riesgos de erosión lo que contribuye a la conservación del principal capital del productor: la tierra. Además, permite disminuir algunos costos operativos, como el consumo de gasoil, optimizando los recursos disponibles.

La densidad promedio a nivel nacional se situó en 64 kilogramos por hectárea, “aunque se evidencia una disminución en la densidad de siembra de norte a sur. Destacan la región del NEA Este, cuyo valor es el más bajo con 49 kilos por hectárea, y la cuenca del Salado, con el valor más alto marcando 73 kilos por hectárea. Según datos del Panorama Agrícola Semanal (PAS), la siembra de soja de primera comenzó a mediados de octubre de 2023 y concluyó a finales de enero de 2024, reflejando el amplio rango temporal característico de esta práctica agrícola”, detalló el informe.
Fertilización
El trabajo coordinado por Martin Groppo, destacó respecto a los insumos, las dosis de fertilizantes disminuyeron en comparación con la campaña anterior, con aplicaciones promedio de 9 kilogramos de fósforo y 2,3 kilogramos de azufre por hectárea. Esta reducción acompaña el descenso en el porcentaje de productores que realizan análisis de suelo previo a la siembra, que alcanzó apenas el 13%, el nivel más bajo de las últimas siete campañas, igualando al registrado en la campaña 2017/18.
La soja responde favorablemente a la fertilización cuando los niveles de fósforo en el suelo se encuentran por debajo de los valores críticos. Un análisis de fósforo extractable utilizando el método de Bray permite determinar si es necesario incorporar este nutriente mediante fertilización. Durante la campaña 2023/24, la dosis promedio nacional de fósforo aplicado en la soja total fue de 9 kilos por hectárea, sin diferencias en las dosis entre la soja de primera y la soja de segunda. Las regiones que registran las mayores dosis promedio alcanzaron 11 kilos por hectárea (Cuenca del Salado, Santa Fe Centro y Núcleo Norte).
“Durante la campaña 2023/24, la dosis promedio de azufre aplicada en soja total a nivel país fue de 2,3 kilos por hectárea, observándose una diferencia menor a 1 kilo entre la soja de primera y la soja de segunda”, especifico el documento.
En esta campaña, se sembraron 17,3 millones de hectáreas de soja en Argentina, distribuidas en un 73% de soja de primera y un 27% de soja de segunda, marcando la superficie más alta registrada en las últimas siete campañas. Además de haber alcanzado este valor, el rendimiento promedio fue de 29,9 quintales por hectárea, un aumento de 14,3 quintales en comparación con la campaña anterior.
Análisis de suelo
En la campaña 2023/24, solo el 13% de los productores efectuó este análisis, igualando el porcentaje de la campaña 2017/18, que representa el nivel más bajo de la serie. Esta cifra refuerza la tendencia descendente observada desde la campaña 2019/20.
A nivel nacional, 5 de 16 zonas superaron el promedio registrado. Entre estas regiones destacan el Norte de La Pampa y Oeste de Buenos Aires, Núcleo Norte y el Sur de Córdoba, con valores de 24%, 22% y 18%, respectivamente. En contraste, el 70% restante de las regiones se encuentra por debajo del promedio nacional. Dentro de este grupo, sobresalen tres zonas ubicadas en el noreste del país: las dos regiones del NEA y el Norte de Santa Fe, que registraron los valores más bajos de la serie.


